lunes, 24 de octubre de 2011
Dimensiones
Estaba cansada, no había sido feliz en su vida, demasiados dolores, demasiadas pérdidas habían hecho de ella una mujer triste y melancólica, sumida siempre en un silencio aturdidor, en un semiletargo en plena vigilia.
Aquella noche se durmió como siempre, como todas las noches, rogándole a Dios que se la llevara de una vez, para qué seguir, ya no había motivaciones ni incentivos para continuar una vida que sentía ya no le pertenecía.
Se acostó como siempre, rezó sus oraciones, que nunca faltaban y trató de pensar algo agradable para tener sueños bonitos por si Dios no la escuchaba y esa noche no se la llevaba y mañana había que volver a la rutina.
Mientras dormía soñó varias situaciones de su vida, en realidad muchas más de las que habitualmente lo hacía. Soñó con pasajes de su infancia, por sus ojos pasaron también aquellos dulces momentos adolescentes, luego el primer gran dolor la separación de su amor, más tarde una de las tres grandes pérdidas, la primera, la de su hermano.
Y así a lo largo de la noche se fue desarrollando toda su vida, no faltaron los nacimientos de sus hijas, la temprana ausencia de la mayor, la separación del que fuera su padre y luego casi la actualidad, esta sinrazón que vivía pero que ya era una supervivencia nada más, nada de lo grandioso o bello que la vida puede dar le era dado ya.
Cuando despertó, se desperezó aún con los ojos cerrados, pero enseguida notó el cambio. Su corazón latía pausadamente pero dentro suyo sentía una extraña paz y un inmenso amor, a qué? -se preguntó- a todo, se contestó a sí misma, abrió los ojos y comenzó la sorpresa, su cuarto no era su cuarto, era otro mucho más bonito y acogedor, era el cuarto que siempre había soñado despierta en sus cavilaciones.
Pero eso no era todo, lo más sorprendente lo vivió al instante siguiente, cuando miró a su izquierda vio durmiendo a su lado a un hombre. En principio se asustó, pensó en un ladrón, encendió rápidamente la luz, el hombre dormía plácidamente pero al encenderse la luz se despertó y mirándola con ternura le preguntó con ese acento que ella conocía tanto -¿Qué pasa mi amor?, estás bien?-, no atinó a contestarle nada porque cuando lo observó mejor terminó de reconocerlo, era su amor, ese hombre que había amado toda su vida y con el cual nunca pudo concretar nada más que unos meses de amor platónico en la adolescencia y luego una eterna vida de llamadas telefónicas que ya más la dañaban que otra cosa.
No salía de su asombro cuando decidió mirar por la ventana y entonces allí ya su mente voló al infinito. El espectáculo que se le presentaba era paradisíaco.
Un lago de aguas cristalinas frente a la casa era rozado permanentemente por las aves que levemente bajaban a beber de sus aguas. A lo lejos, los cerros llenos de distintos verdes y pintados de nieve y al costado una hilera de pinos. Un frente larguísimo de flores de lavanda exalaban su perfume único y las ardillas del bosque hacían su paseo mañanero saltando aquí y allá..
Aún no salía del asombro del paisaje cuando frente a sí misma había un espejo, creyó que soñaba, pero no, se daba cuenta que era todo muy real, el espejo le devolvía la imagen de la mujer hermosa que había sido hacía por lo menos treinta años, sus largos cabellos rubios caían en cascada y su piel aún tersa destilaba su perfume de siempre. Era joven nuevamente. Era como vivir un sueño, pero no lo era, estaba absolutamente segura de que estaba despierta, donde fuera, como fuera, pero eso que estaba viviendo era real.
Su amor volvió a preguntarle -¿De verdad estás bien chiquita?- Te noto extraña... Ella lo miró, le tomó el rostro también el suyo aún joven entre sus manos y no preguntó nada, sólo le contestó que si, que estaba espléndida, que nunca había estado mejor en su vida. Se metió nuevamente en la cama y se abrazó fuertemente a su amor como siempre lo había soñado.
No quería preguntarse nada más, sólo quería vivir aquello sea lo que fuere, sólo vivirlo y disfrutarlo como toda la vida lo había imaginado.
Melan
sábado, 15 de octubre de 2011
El beso final
Y pasaron muchas cosas desde el último día que se vieron , y hoy, otra vez el silencio, la distancia que tanto los separa, el que parece olvido y a lo mejor lo es, el tiempo que pasa inexorable y que todo se lo lleva, ella aborrece el tiempo, cada día más. Desearía que un sortilegio lo detuviera, en un momento, en un minuto, en un exacto segundo en que por alguna extraña razón ella fuera feliz y allí se quedara inmóvil, quietísimo, sólo permitiendo que hablen sus voces, que se vean sus presencias y que se muevan sus cuerpos y entonces ella se abrazaría a él y él la tomaría en ese abrazo eterno y se mirarían y luego lentamente...cerrando los ojos... comenzarían a besarse... y tendrían en sus bocas una miel adictiva que los mantendría así, unidos por ese beso, por ese deglutirse en un ósculo sin fin hasta la eternidad, porque el mundo se habría detenido sólo para ellos y nadie osaría interrumpir ese beso único en el universo, pero cuando hubiésen despertado del letargo en el que habrían estado sumidos durante milenios, todo estaría destruído, todo habría terminado y ellos, serían los únicos, los últimos o... los primeros....
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