lunes, 28 de noviembre de 2011
Viaje sin final
La ruta se extendía recta hasta el horizonte, ella rodaba su auto de mediano porte con la velocidad establecida, no acostumbraba a salirse de las reglas y menos en las que algún peligro podía correr. Era resuelta y libre pero muy responsable consigo misma y con su entorno.
Mientras manejaba su mente al par que atendía las señales del camino, pensaba en su amor, Juan Pablo Fleitas, el hombre al que iba a ver y con el cual habían planeado aquel encuentro por meses. Él siempre le hablaba de cuánto la extrañaba y de lo solo que se sentía sin ella, que no veía la hora de que se reencontraran después de aquel obligado viaje de trabajo.
Ella había preparado todo como lo habían previsto ambos, hora de llegada, días de estadía y todo lo que a ella personalmente le comprendía, su vestuario y toda su necesidad de entregar y recibir su amor que hacía tanto tiempo postergaban.
Conectó la radio para escuchar alguna melodía, pero buscó y no encontró nada que le agradara, sin embargo se quedó en una noticia que decía ser urgente y que se trataba de un accidente en un edificio de la ciudad adonde ella se dirigía. Se quedó escuchando lo que transmitían, había habido una explosión de un termotanque en un departamento, se había encontrado a una pareja fallecida sin ropas en la cama matrimonial, sin dudas decían los peritos habían muerto por asfixia porque el incendio se apagó sin que llegaran a calcinarse los cuerpos.
Su atención se elevó y sus oídos no escuchaban nada más que aquel relato. De pronto su corazón dejó de latir, o por lo menos así lo sintió, clavó los frenos con toda su fuerza y se detuvo en medio de la ruta sin pensar en el riesgo de tamaña actitud, es que el locutor estaba dando el domicilio del siniestro y los nombres de la pareja fallecida, el hombre se llamaba Juan Pablo Fleitas.
sábado, 19 de noviembre de 2011
La llave
Por lo menos encontré la llave, espero sea la correspondiente, porque sino tendré que seguir buscando y quién sabe cuánto tiempo más me lleva esto.
Dejo aclarado que trataré de abrir la puerta, pero si es la llave correcta, sólo podrán pasar los buenos, los justos, las buenas personas, las solidarias, las sensibles al dolor ajeno, en definitiva los que saben amar y se dejan ser amados, el resto que se busque su propia puerta, ellos tienen otro lugar.
Ah! Me olvidaba, encontré la llave de la felicidad...
jueves, 17 de noviembre de 2011
El tren fantasma
Esa noche Juan Ferreyra volvía tarde de su obra en Miraflores, en el interior de su provincia, había sido un día de mucho trabajo. A pesar de todo, todavía no tenía sueño aunque se encontraba bastante cansado.
Tomó el camino acostumbrado, lo hacía tres veces por semana hacía ya cuatro meses, lo conocía perfectamente, sabía que a pocos kilómetros de la última curva cruzaba una vía muerta, que por serlo, ni barreras tenía, ya que hacía más de cincuenta años que no circulaba el antiguo ramal General Belgrano que venía de Buenos Aires, por lo tanto no aminoró la marcha y siguió el viaje.
Pero de pronto, a unos cien metros del lugar escuchó el ruido de un tren en marcha, el ulular de su reconocida bocina como asimismo la luz que emitía el enorme faro del frente de la máquina.
Por supuesto frenó con rapidez y llegó a tiempo a detener su auto bien frente al convoy que se desplazaba lentamente y a oscuras. Era un tren de pasajeros y mientras lo observaba notó que solamente iba iluminado un vagón donde viajaba una jovencita, le pareció reconocerla, pero el paso del tren al continuar no le permitió a su memoria encontrar el recuerdo y se quedó intrigado.
El tren era no demasiado antiguo, pero tenía muchos vagones, en todos los demás no viajaba nadie. Le pareció muy extraño todo, pero más aún que no pasando nunca lo hiciera esa noche y con una sola pasajera.
Cuando el tren terminó de cruzar el paso a nivel, se cercioró bien de que no hubiera otro por venir y cruzó las vías.
Llegó pronto a su casa, el paso a nivel no quedaba muy lejos. Le contó a su esposa cuando llegó, la situación extraña que había vivido y ella le dijo que quizás lo habían hecho circular nuevamente y ellos no se enteraron. Eso le parecía a Juan una explicación poco viable, ya que la ausencia del tren hacía tantos años era un hecho no olvidado por la población que siempre pedía que volviera, pero los sucesivos gobiernos no lo traían por considerarlo poco rentable. No, si hubiese estado por implantarse el servicio nuevamente él ya se hubiera enterado, al fin de cuentas a pesar de tanto trabajo era un hombre informado.
Como aún no estaba la cena, se sentó frente al televisor y con toda la intención de encontrar la noticia, la buscó en todos los canales, pero nadie decía nada, todo era política, policiales y espectáculos. Es más se transmitía la nota sobre un accidente entre dos micros en la ruta y tanto la gente que comentaba haber visto el hecho, como el propio periodista reclamaban a las autoridades la reinstalación del servicio de trenes, esto aliviaría el tránsito de micros de larga distancia en las rutas y disminuirían los accidentes decían.
Esta noticia lo dejó más perplejo aún, era casi la confirmación de que el tren seguía siendo un servicio sin funcionar. Al día siguiente, comentó el hecho entre los otros ejecutivos de la empresa y todos se rieron de él, tomándole el pelo con una supuesta ingesta de bebida alcohólica antes de viajar, nadie lo tomó en serio.
Su duda se acentuaba más aún cuando pensaba en la jovencita que viajaba en el único vagón iluminado, hacía todo lo posible de recordar quién era pero no podía, aunque estaba seguro de conocerla.
Trató de olvidarse de lo ocurrido porque estaba visto que era algo muy extraño y se dijo asimismo si no se habría dormido un trecho manejando y soñó, pero esto también era imposible porque recordaba bien que no tenía sueño todavía y que al contrario manejaba tranquilo y satisfecho con su trabajo, le llevaba mucho tiempo pero lo hacía feliz, todo lo feliz que no era en su matrimonio y por lo cual tenía a su Nora, su amante telefónica que lo devolvía a la vida cada vez que se comunicaban.
Era una relación especial, había comenzado en la adolescencia en su pueblo adonde ella había ido a parar por el trabajo de su padre cuando eran ambos adolescentes, luego ella tuvo que volver a vivir en Buenos Aires y se siguieron escribiendo, aunque no pudieron concretar su amor en matrimonio ni mucho menos. En cuarenta años, se habían visto cinco veces en diferentes etapas de sus vidas pero lo que lo hacía especial era que nunca habían cortado del todo la comunicación entre ellos, ambos sabían que se amaban, ambos se habían casado con otras personas pero así también ambos quisieron conservar su amor en el tiempo y pudieron. Primero con cartas, luego teléfono, mails, mensajes de texto, chateo, fotos y algunos pocos viajes conformaron una relación paralela a su matrimonio para Juan que no amó nunca a su mujer, y una relación actualmente única para Nora que ya hacía quince años que estaba separada y que por lo tanto vivía mucho más aferrada emocionalmente a Juan dada su larga soledad.
Nora sufría la distancia, el tiempo pasado sin estar juntos, el presente tan esporádico, solamente con llamadas y le reclamaba mucho a Juan su inercia de dejar siempre las cosas de la misma manera y no preocuparse por estar más juntos ya que estaban en una edad en la que pocos sueños podían ya cumplirse.
Pensando todo esto, Juan volvía de su trabajo y se decidió a llamarla, para contarle el hecho como una anécdota y para sacarse de encima las preocupaciones del día escuchando su dulce voz, esa voz que siempre lo sedujo tanto. Lo hizo al celular como siempre porque sabía que nadie sino ella le contestaría, si bien su hija conocía la relación él sabía que no le tenía mucha simpatía por esto de estar casado y prefería no importunarla por el teléfono fijo.
Llamó al celular, el teléfono sonó varias veces y lo pasó al contestador. Lo intentó de nuevo, pensó en la tormenta que se avecinaba y que podía estar interrumpiendo las ondas telefónicas, esta vez atendió, cuando escuchó la voz del "hola" inmediatamente se dio cuenta que no era Nora, no quiso ser descortés y preguntó por ella, la hija de Nora le contestó que era Natalia su hija, que sabía bien quén era él. Su tono de voz no sonaba ni cordial ni alegre, notó que al par de hablarle agresivamente lo hacía con dolor, parecía estar llorando, se quedó callado esperando que terminara la frase, y esta fue lo más terrible que podía haber imaginado, mejor dicho nunca lo imaginó, su hija le decía :"Señor Ferreyra, mi mamá se suicidó ayer por la tarde, la estamos velando". Su grito fue estridente y cortó porque en aquel preciso instante recordó de quién era el rostro de la jovencita del tren... era el de Nora cuando él la conoció, la Nora adolescente.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
La dueña de la casa
La angustia se apoderaba de ella cada vez más, no podía ni siquiera pensar, lo que estaba viviendo le parecía inaudito, injusto, imposible de que sucediera, pero lo era, ya no era dueña de su propia casa, porque ni podía traer a su madre un día que debía acompañarla al médico.
La casa había sido invadida por un ser extraño que no entendía razones de ninguna especie, se negaba terminantemente a que alguien entrara a la casa como si fuera la dueña total y absoluta de la misma.
¿Cuándo había comenzado esto? se preguntaba ella, ¿En qué momento le quitó la capacidad de decisión sobre lo único material que había logrado poseer? Su casa era su refugio y si bien ella nunca traía a nadie porque tenía una enfermedad que se lo impedía, también era cierto que no podía rechazar literalmente la presencia de su madre ya que esto era superior a cualquier normalidad.
No entendía tampoco por qué siempre terminaba haciendo lo que su hija ordenaba, no lo entendía.
Pensativa
Se llamaba Rita Aguirre y hacía muchos años que conoció su existencia y fue a expensas de la propia Rita que un día cualquiera de los años noventa la llamó a su trabajo para supuestamente saber quién era ella, porque sabía que se escribían cartas con su novio, Juan Fuentes, quien vivía en Corrientes como ella.
Nora, la destinataria de esa llamada, se sorprendió al conocer la noticia pero hizo todo lo posible de que esto no se notara, aguantó las lágrimas y se dijo para sus adentros que ya hablaría ella con Juan y le diría unas cuantas cosas. El tema es que parece que Rita y Juan hacía ya nueve años que estaban de novios, a punto de casarse porque ella llevaba un embarazo de casi cinco meses. Todo eso lo tuvo que digerir Nora, en la soledad nocturna ya de su oficina habiéndolo ignorado todo durante años que llevaba comunicándose con Juan como cuando fueron novios, ella a pesar de su matrimonio, continuaba esta relación que fue para Nora el gran amor de su vida y que produjo su posterior separación tanto de su marido como de Juan. Por supuesto Juan continuó con su noviazgo e inminente matrimonio y Nora pasó el resto de su vida en absoluta soledad.
Pasaron los años, Juan continuó con su vida familiar con total normalidad, a Nora le pasaron infinidad de cosas, todas dolorosas, lo peor fue la muerte de su hijito de leucemia, y otro de los dolores del que nunca pudo reponerse fue de ese abandono espontáneo que hizo Juan de ella, ni bien su novia se enteró de su relación con ella. Literalmente no le escribió ni la llamó nunca más. Todas las palabras, todas las promesas, todo, absolutamente todo había sido una total mentira..
Un día cruzando una calle de Buenos Aires, Nora presencia un accidente de importancia, en él una mujer se encontraba involucrada y además muy herida, fue trasladada inmediatamente a un hospital. La mujer había cruzado por la mitad de cuadra y con el semáforo en rojo y estaba realmente grave.
Nora siguió su camino muy consternada hasta que inesperadamente apareció un policía que le preguntó si ella había visto algo, ella le dijo que algo, pero que en el tumulto no demasiado, el oficial le tomó los datos y le dijo que podrían llamarla a declarar.
Le molestó un poco porque si bien se condolía con la pobre mujer desmayada en la calle, tampoco quería sentirse parte del hecho, que la llamen y en una palabra que la molesten en su vida cotidiana. No era mucho lo que ella podría hacer porque no vio demasiado, pensó,
Continuó con su vida habitual y a los dos meses del accidente le llegó una citación de la comisaría de la zona. Tuvo que ir a declarar lo que vio, pero antes de hacerlo, leyó la carátula del expediente y allí sobrevino la sorpresa, la mujer se llamaba Rita Aguirre de Fuentes y era natural de la provincia de Corrientes, pidió leer más datos y se enteró de que había venido con su hija Juliana a hacerse ambas chequeos médicos, el día que volvía del propio en el que le anunciaban que tenía un mal incurable fue cuando cruzó mal y la atropellaron.
El oficial le permitió leer el expediente completo y le dijo que su declaración era fundamental para el monto que pudiera cobrar en el seguro y para el posible juicio de daños y perjuicios que la señora quisiera iniciar porque dependería en mucho de cómo se produjeron los hechos y que habían podido recabar tan sólo su testimonio.
Nora cerró el expediente y le empezó a contar los hechos al oficial. La señora había cruzado por la senda peatonal con el semáforo a su favor y el auto no se detuvo y la embistió.
Al tiempo se enteraba por los diarios que la señora del accidente de la calle Vieytes había ganado no sólo el juicio penal sino también el de daños, en el cual cobraría una millonaria suma ya que las pruebas habían sido a su favor. Todos los diarios comentaron que con ese dinero podría viajar a Estados Unidos y hacerse el trasplante que necesitaba para mejorar de su mal, leucemia, razón por la cual se estaban activando rápidamente todos los trámites judiciales. Nora cerró el diario y se quedó pensativa.
sábado, 12 de noviembre de 2011
La visita
La llegada de la amiga de su hija le molestaba, no era una mala chica, venía sólo por un rato y se iría pero traería sus dos niñas de 7 y 10 años. Ella con esta visita se sentía invadida, su enfermedad no sólo le impedía salir de su casa, también la hacía sentirse mal el que viniera gente a ella, ver gente extraña en su casa era un martirio difícil de sobrellevar.
Se dijo a sí misma que superaría el trance y que se quedaría encerrada en su cuarto para no sentirse tan mal. Eso pensó sinceramente, que podría superar su agorafobia y por lo menos encerrada en su cuarto no sentir los terribles estados de angustia que la aquejaban en situaciones como esa.
Estuvo nerviosa desde el día anterior, tanto que hasta soñó algo relacionado con esa visita, se levantó con la misma preocupación y el resto del día mientras indicaba a su empleada las tareas novedosas a realizar por la llegada de la invitada, su angustia, su nerviosismo, su intranquilidad y su sensación de invasión iban en aumento.
Tuvo que ocuparse de algunas cosas antes de que llegara la amiga de su hija, las hizo con premura y pensó en todas las posibilidades que le quedaban de no tener que vivir la angustia de recibir a las visitas, pero no encontró otra mejor que la de quedarse encerrada en su cuarto hasta que se fueran.
Las horas corrían, los minutos pasaban y ya se comenzaban a notar los síntomas de su enfermedad, decidió por lo tanto comer algo liviano y recostarse en su cama, para lo cual se desprendió de los siete gatos que poblaban su casa, un capricho que tuvieron ella y su hija un día de quedarse con toda la cría de su pareja de gatos.
Cuando las tres de la tarde estaba cerca, ya se trajo su Coca Cola, cerró su venta y apagó la luz. Estaba totalmente sola. Se quedó en absoluto silencio durante mucho tiempo, todo el que correspondió a la presencia de la intrusa. Se terminó quedando dormida, cuando se despertó se sentía somnolienta y pequeña, si, literalmente muy pequeña, miró sus manos y se asustó tenía garras y pelo en ellas, de un color amarillento, se incorporó en la cama y notó que su cuerpo no era el mismo que siempre tuvo, corrió como pudo con su nuevas piernas hacia el espejo, no podía creer lo que veía, el espejo le devolvía la imagen de una linda, gordita y peluda gata rubia, indudablemente no había podido superar su agorafobia y su organismo se defendió como pudo.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Tarea difícil proponerse escribir un cuento en diez minutos, podré hacerlo? Veremos, Tengo que ir al médico, estoy lista, hasta con la cartera en la mano, llevo hasta pensado de lo que quiero hablar, estuve analizando un poco la actuación de mi otro yo en mi psiquis y llegué a una conclusión que me satisfizo y no sólo eso, superó el problema inminente que me aquejaba.Necesito realmente ir al terapeuta? ,,,, Creo que no, que mejor me hace analizarme yo misma, curarme y dedicarme a escribir que es lo que realmente me gusta, mucho más que hablar.
Fue un cuento? no losé, quizás le falten características del mismo, pero he contado una pequeña historia y eso creo que vale. Terminé. Menos de diez minutos. (Ahora a corregir las faltas de mecanografiado)
Fue un cuento? no losé, quizás le falten características del mismo, pero he contado una pequeña historia y eso creo que vale. Terminé. Menos de diez minutos. (Ahora a corregir las faltas de mecanografiado)
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Sueños recurrentes
Nada podría cambiar ya esas terribles palabras, si bien habían sido dichas en un contexto de agresividad verbal mutua, eran demasiado fuertes como para esperanzarse en una retrospección y posterior pedido de disculpas. No para nada, ella lo conocía muy bien, sabía cómo actuaba, sabía de su parquedad y de su orgullo y por lo tanto sabía que aquel "se terminó" era para siempre, para el resto de sus vidas. Después de todo aquello que nunca fue nada más que una relación con ribetes de amorosa, había durado demasiado para sus características, distancia y mucho, demasiado tiempo.
Pero ella, pudo comprobar las noches siguientes, cuánto y cómo puede defenderse el alma humana de los horrores de su dolor, de la terrible angustia que significaba para ella haber perdido al amor de toda su vida, porque para ella sí lo había sido, para ella sí había sido importante a pesar del no compromiso estructurado y formal, dentro de su alma vibraba su amor como única y leal garantía de algo que había nacido en la adolescencia de sus vidas.
La comprobación llegó a través de los sueños, ella, que siempre se quejaba de no soñar nunca con él al día siguiente del final comenzó a soñarlo, pero he aquí lo maravilloso de la mente humana, no lo soñaba como era en la actualidad, cuarenta y tres años después de haberlo conocido, lo soñaba de dieciseis años, como cuando empezó a amarlo. Eran sueños nítidos, vívidos, donde al despertar su memoria recordaba su rostro adolescente como si lo mirara en una fotografía, y ese sueño, junto con el del día anterior la tenían todo el día sumida en ese pensamiento, en esa lúdica actividad de recomponer los troqueles de una situación elaborada por su mente, que a la sazón en realidad era solamente un mecanismo de defensa, un cable a tierra para no desfallecer en medio de tantas lágrimas y soledad.
Se dio cuenta que más soñaba más lo recordaba como era él en aquellos años en que ella empezó a amarlo y esto le hizo comprender que con el paso del tiempo no habían cambiado sólo su rostro ni su cuerpo, el hombre que actualmente decía amar no tenía nada que ver con aquel muchachito bonito y bondadoso de los sesenta que nunca la había dañado y que jamás lo hubiese hecho de pensar en el futuro.
Esos sueños se transformaron en recurrentes y le hicieron notar que ella estaba ciega, que la separación traumática de su lado que vivió a los casi diecisiete años, congeló el sentimiento e idealizó al objeto de su amor, el que pasó a ser para su inconsciente eternamente el jovencito que le dijo "te quiero" al oído un 25 de mayo en un barcito de un pueblito perdido en el norte argentino.
Los sueños continuaron y ella aferrada a éstos pudo olvidar el dolor que le provocó su supuesto amor actual y pudo así creer que había por fin reaccionado y visto la realidad, pero en medio de este supuesto "darse cuenta", no notó los cambios sobrevinientes y lo hizo recién un día que sin proponérselo pasó frente al espejo. Se volvió azorada, no podía creer en la imagen que le devolvía el plateado cristal, su rostro había cambiado. Nuevamente sus mejillas estaban en su lugar tersas y suaves, sus ojos volvían a tener el brillo aquel de antaño y su pelo caía largo y abundante sobre sus hombros. Buscó mirarse entera y en el espejo se le reveló una dulce jovencita vestida con el uniforme de su antiguo colegio secundario, cuando buscó a su madre, la encontró en la antigua cocina, tan joven como lo era cuando ella tenía quince años, no podía entender lo que había sucedido, no podía imaginar el motivo del fantástico cambio
Recordó sus sueños y en ese instante sonó el timbre de la puerta de calle, salió corriendo a ver quién era, no podía creer lo que veían sus ojos, su amor adolescente la esperaba, con su carita de muchachito bonito y bondadoso, diciéndole con alegría, -¡Hola mi amor! ¿Llegué muy temprano?- Mientras su corazón latía raudamente y con la absoluta felicidad que la embargaba, ella corría a abrazarlo negándose siquiera a intentar comprender nada de lo que ocurría, su mente y su corazón sólo sabían que nuevamente... era feliz.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Soledad
Hacía un tiempo ya que vivía encerrada, desde que se enteró lo de su marido y luego se enfermó y quedó internada varios días. Dos hechos que marcaron sus últimos años.
Cuando volvió de la última internación, porque fueron dos, una en el 2003 y la otra en el 2008, trabajó solamente hasta fin de año y ya comenzado el año nuevo abandonó.
De a poco fue abandonando todo lo que hasta ese momento hacía, las tareas de la casa, las compras hogareñas y hasta las propias compras, ropa, zapatos, dejó de maquillarse y de arreglarse.
Logró que le trajeran el pedido de almacén a su casa, se hizo clienta de una casa de comida hecha y mientras su hija estudiaba y trabajaba, ella se quedaba cada vez más sola y más encerrada.
Abandonó a todas sus amistades, hizo todo lo posible porque nadie entrara, salvo una chica que tomó para que le hiciera la limpieza, y también se desligó de toda salida fuera de su casa, salvo alguna urgencia al médico. El control de su corazón que debía hacerse cada seis meses se lo hizo tres años después, como daba que estaba igual no volvió más.
Se encerró en su casa con la clara intención de que no la viera nadie ni ella ver a nadie tampoco. Le molestaban las conversaciones y los ruidos, tanto que también abandonó el supuesto entretenimiento de mirar televisión y de escuchar radio, a veces, muy de vez en cuando, solía escuchar algo en su computadora que fue lo único que continuó presente en su vida, la computadora y la cama. Porque sus días los pasaba encerrada en su habitación adonde tenía a ambas y sólo iba a la cocina a picar algo y a buscar su Coca Cola que era otra de las cosas que no había abandonado.
Le gustaba estar sola, o mejor dicho, lo prefería, hubiese querido estar acompañada pero de quien quería estarlo no podía, así es que había decidido esta soledad absoluta y ermitaña para su vida, para el resto de su vida y así la vivía.
Su hija viajaba mucho, todos los fines de semana estaba fuera y en la semana en su trabajo o facultad así es que su soledad era más completa aún.
Un domingo en que su hija estaba de viaje, en la mañana, por lo menos ella así creía que era porque se había acostado en la noche, se levantó y notó algo raro, estaba todo muy oscuro, pensó que se había despertado de madrugada, miró su reloj y marcaba las diez de la mañana, no entendía por qué no veía entrar el sol por las rendijas de las ventanas. Se decidió a abrirla como hacía todos los días, total siempre sabía que no la veían desde afuera porque tenía unas cortinas que no lo permitían, eso sí ni bien se iba la luz era todo lo contrario, se veía todo por lo tanto su apuro era mayor para cerrar bien y permanecer escondida de todos. Abrió entonces la persiana de su habitación y al mirar hacia afuera no vio nada más que estrellas, corrió a la ventana de la cocina desde donde se veía la medianera del vecino y grande fue su sorpresa al ver que ya no había medianera, nuevamente sólo se veían estrellas, abrió entonces la ventana del living, lo mismo! Su última esperanza era el jardín de invierno, los perros dormían plácidamente en sus sillones, pero ante ella, del otro lado de los vidrios de las ventanas no se veía su quincho y su parrilla ni su jardín, sólo se veían estrellas, allí se dio cuenta que tampoco había piso ni calles, ni casas, ni barrio, ni país, ni tierra, ni nada! Su casa literalmente volaba por el espacio infinito!!
Cuando su hija volvió, tomó sus llaves, abrió la puerta de la reja, luego la del living, y se dirigió directo a la heladera, estaba sedienta de coca cola, le pareció raro que no había ni una y también que su madre no apareciera, grito con alegría ¡Mami ya llegué!, salió por el comedor hacia el cuarto de su madre abrió la puerta imaginándosela eternamente sentada frente a su computadora, su sorpresa fue muy grande cuando vio que su madre no estaba en el cuarto ni tampoco su computadora... ni su cama.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













