miércoles, 9 de noviembre de 2011
Sueños recurrentes
Nada podría cambiar ya esas terribles palabras, si bien habían sido dichas en un contexto de agresividad verbal mutua, eran demasiado fuertes como para esperanzarse en una retrospección y posterior pedido de disculpas. No para nada, ella lo conocía muy bien, sabía cómo actuaba, sabía de su parquedad y de su orgullo y por lo tanto sabía que aquel "se terminó" era para siempre, para el resto de sus vidas. Después de todo aquello que nunca fue nada más que una relación con ribetes de amorosa, había durado demasiado para sus características, distancia y mucho, demasiado tiempo.
Pero ella, pudo comprobar las noches siguientes, cuánto y cómo puede defenderse el alma humana de los horrores de su dolor, de la terrible angustia que significaba para ella haber perdido al amor de toda su vida, porque para ella sí lo había sido, para ella sí había sido importante a pesar del no compromiso estructurado y formal, dentro de su alma vibraba su amor como única y leal garantía de algo que había nacido en la adolescencia de sus vidas.
La comprobación llegó a través de los sueños, ella, que siempre se quejaba de no soñar nunca con él al día siguiente del final comenzó a soñarlo, pero he aquí lo maravilloso de la mente humana, no lo soñaba como era en la actualidad, cuarenta y tres años después de haberlo conocido, lo soñaba de dieciseis años, como cuando empezó a amarlo. Eran sueños nítidos, vívidos, donde al despertar su memoria recordaba su rostro adolescente como si lo mirara en una fotografía, y ese sueño, junto con el del día anterior la tenían todo el día sumida en ese pensamiento, en esa lúdica actividad de recomponer los troqueles de una situación elaborada por su mente, que a la sazón en realidad era solamente un mecanismo de defensa, un cable a tierra para no desfallecer en medio de tantas lágrimas y soledad.
Se dio cuenta que más soñaba más lo recordaba como era él en aquellos años en que ella empezó a amarlo y esto le hizo comprender que con el paso del tiempo no habían cambiado sólo su rostro ni su cuerpo, el hombre que actualmente decía amar no tenía nada que ver con aquel muchachito bonito y bondadoso de los sesenta que nunca la había dañado y que jamás lo hubiese hecho de pensar en el futuro.
Esos sueños se transformaron en recurrentes y le hicieron notar que ella estaba ciega, que la separación traumática de su lado que vivió a los casi diecisiete años, congeló el sentimiento e idealizó al objeto de su amor, el que pasó a ser para su inconsciente eternamente el jovencito que le dijo "te quiero" al oído un 25 de mayo en un barcito de un pueblito perdido en el norte argentino.
Los sueños continuaron y ella aferrada a éstos pudo olvidar el dolor que le provocó su supuesto amor actual y pudo así creer que había por fin reaccionado y visto la realidad, pero en medio de este supuesto "darse cuenta", no notó los cambios sobrevinientes y lo hizo recién un día que sin proponérselo pasó frente al espejo. Se volvió azorada, no podía creer en la imagen que le devolvía el plateado cristal, su rostro había cambiado. Nuevamente sus mejillas estaban en su lugar tersas y suaves, sus ojos volvían a tener el brillo aquel de antaño y su pelo caía largo y abundante sobre sus hombros. Buscó mirarse entera y en el espejo se le reveló una dulce jovencita vestida con el uniforme de su antiguo colegio secundario, cuando buscó a su madre, la encontró en la antigua cocina, tan joven como lo era cuando ella tenía quince años, no podía entender lo que había sucedido, no podía imaginar el motivo del fantástico cambio
Recordó sus sueños y en ese instante sonó el timbre de la puerta de calle, salió corriendo a ver quién era, no podía creer lo que veían sus ojos, su amor adolescente la esperaba, con su carita de muchachito bonito y bondadoso, diciéndole con alegría, -¡Hola mi amor! ¿Llegué muy temprano?- Mientras su corazón latía raudamente y con la absoluta felicidad que la embargaba, ella corría a abrazarlo negándose siquiera a intentar comprender nada de lo que ocurría, su mente y su corazón sólo sabían que nuevamente... era feliz.
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