jueves, 17 de noviembre de 2011

El tren fantasma


Esa noche Juan Ferreyra volvía tarde de su obra en Miraflores, en el interior de su provincia, había sido un día de mucho trabajo. A pesar de todo, todavía no tenía sueño aunque se encontraba bastante cansado.
 Tomó el camino acostumbrado, lo hacía tres veces por semana hacía ya cuatro meses, lo conocía perfectamente, sabía que a pocos kilómetros de la última curva cruzaba una vía muerta, que por serlo, ni barreras tenía, ya que hacía más de cincuenta años que no circulaba el antiguo ramal General Belgrano que venía de Buenos Aires, por lo tanto no aminoró la marcha y siguió el viaje.
 Pero de pronto, a unos cien metros del lugar escuchó el ruido de un tren en marcha, el ulular de su reconocida bocina como asimismo la luz que emitía el enorme faro del frente de la máquina.
 Por supuesto frenó con rapidez y llegó a tiempo a detener su auto bien frente al convoy que se desplazaba lentamente y a oscuras. Era un tren de pasajeros y mientras lo observaba notó que solamente iba iluminado un vagón donde viajaba una jovencita, le pareció reconocerla, pero el paso del tren al continuar no le permitió a su memoria encontrar el recuerdo y se quedó intrigado.
 El tren era no demasiado antiguo, pero tenía muchos vagones, en todos los demás no viajaba nadie. Le pareció muy extraño todo, pero más aún que no pasando nunca lo hiciera esa noche y con una sola pasajera.
 Cuando el tren terminó de cruzar el paso a nivel, se cercioró bien de que no hubiera otro por venir y cruzó las vías.
 Llegó pronto a su casa, el paso a nivel no quedaba muy lejos. Le contó a su esposa cuando llegó, la situación extraña que había vivido y ella le dijo que quizás lo habían hecho circular nuevamente y ellos no se enteraron. Eso le parecía a Juan una explicación poco viable, ya que la ausencia del tren hacía tantos años era un hecho no olvidado por la población que siempre pedía que volviera, pero los sucesivos gobiernos no lo traían por considerarlo poco rentable. No, si hubiese estado por implantarse el servicio nuevamente él ya se hubiera enterado, al fin de cuentas a pesar de tanto trabajo era un hombre informado.
 Como aún no estaba la cena, se sentó frente al televisor y con toda la intención de encontrar la noticia, la buscó en todos los canales, pero nadie decía nada, todo era política, policiales y espectáculos. Es más se transmitía la nota sobre un accidente entre dos micros en la ruta y tanto la gente que comentaba haber visto el hecho, como el propio periodista reclamaban a las autoridades la reinstalación del servicio de trenes, esto aliviaría el tránsito de micros de larga distancia en las rutas y disminuirían los accidentes decían.
 Esta noticia lo dejó más perplejo aún, era casi la confirmación de que el tren seguía siendo un servicio sin funcionar. Al día siguiente, comentó el hecho entre los otros ejecutivos de la empresa y todos se rieron de él, tomándole el pelo con una supuesta ingesta de bebida alcohólica antes de viajar, nadie lo tomó en serio.
 Su duda se acentuaba más aún cuando pensaba en la jovencita que viajaba en el único vagón iluminado, hacía todo lo posible de recordar quién era pero no podía, aunque estaba seguro de conocerla.
 Trató de olvidarse de lo ocurrido porque estaba visto que era algo muy extraño y se dijo asimismo si no se habría dormido un trecho manejando y soñó, pero esto también era imposible porque recordaba bien que no tenía sueño todavía y que al contrario manejaba tranquilo y satisfecho con su trabajo, le llevaba mucho tiempo pero lo hacía feliz, todo lo feliz que no era en su matrimonio y por lo cual tenía a su Nora, su amante telefónica que lo devolvía a la vida cada vez que se comunicaban.
 Era una relación especial, había comenzado en la adolescencia en su pueblo adonde ella había ido a parar por el trabajo de su padre cuando eran ambos adolescentes, luego ella tuvo que volver a vivir en Buenos Aires y se siguieron escribiendo, aunque no pudieron concretar su amor en matrimonio ni mucho menos. En cuarenta años, se habían visto cinco veces en diferentes etapas de sus vidas pero lo que lo hacía especial era que nunca habían cortado del todo la comunicación entre ellos, ambos sabían que se amaban, ambos se habían casado con otras personas pero así también ambos quisieron conservar su amor en el tiempo y pudieron. Primero con cartas, luego teléfono, mails, mensajes de texto, chateo, fotos y algunos pocos viajes conformaron una relación paralela a su matrimonio para Juan que no amó nunca a su mujer, y una relación actualmente única para Nora que ya hacía quince años que estaba separada y que por lo tanto vivía mucho más aferrada emocionalmente a Juan dada su larga soledad.
 Nora sufría la distancia, el tiempo pasado sin estar juntos, el presente tan esporádico, solamente con llamadas y le reclamaba mucho a Juan su inercia de dejar siempre las cosas de la misma manera y no preocuparse por estar más juntos ya que estaban en una edad en la que pocos sueños podían ya cumplirse.
 Pensando todo esto, Juan volvía de su trabajo y se decidió a llamarla, para contarle el hecho como una anécdota y para sacarse de encima las preocupaciones del día escuchando su dulce voz, esa voz que siempre lo sedujo tanto.  Lo hizo al celular como siempre porque sabía que nadie sino ella le contestaría, si bien su hija conocía la relación él sabía que no le tenía mucha simpatía por esto de estar casado y prefería no importunarla por el teléfono fijo.
 Llamó al celular, el teléfono sonó varias veces y lo pasó al contestador. Lo intentó de nuevo, pensó en la tormenta que se avecinaba y que podía estar interrumpiendo las ondas telefónicas, esta vez atendió, cuando escuchó la voz del "hola" inmediatamente se dio cuenta que no era Nora, no quiso ser descortés y preguntó por ella, la hija de Nora le contestó que era Natalia su hija, que sabía bien quén era él. Su tono de voz no sonaba ni cordial ni alegre, notó que al par de hablarle agresivamente lo hacía con dolor, parecía estar llorando, se quedó callado esperando que terminara la frase, y esta fue lo más terrible que podía haber imaginado, mejor dicho nunca lo imaginó, su hija le decía :"Señor Ferreyra, mi mamá se suicidó ayer por la tarde, la estamos velando". Su grito fue estridente y cortó porque en aquel preciso instante recordó de quién era el rostro de la jovencita del tren... era el de  Nora cuando él la conoció, la Nora adolescente.

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