viernes, 2 de diciembre de 2011

El acuerdo


La ciudad atestaba de gente, gente que iba y venía, que corría, o que caminaba rápidamente, los automóviles moviéndose incansablemente y disputándose lugares con los taxis y los colectivos, era una típica mañana en el centro de la ciudad capital.
 Ella caminaba presurosa portafolio en mano y cartera colgando de su hombro, se aprestaba a cruzar las líneas blancas de la gran avenida. Venía de una audiencia muy difícil, muy litigante, las partes no se ponían de acuerdo y encima le tocó un letrado contrario de los controversiales, se le hizo difícil el acuerdo, pero lo logró. Era lo que siempre manejaba mejor en los juicios, los acuerdos, aunque verdaderamente en cada uno de ellos dejaba no sólo todos sus conocimientos y experiencia sino su cuerpo y su alma.
  Amaba su profesión pero prefería dedicarle más tiempo a otro aspecto de la misma, el de la investigación previa a la demanda. Ese tiempo en que leía sin horarios fallos jurisprudenciales y toda doctrina importante que cayera en sus manos, la reunión de las pruebas, en fin todo lo que significara poder reunir todo el material necesario para luego poder presentar una demanda excelente en la que no hubiera resquicios por donde dejar pasar a la contraria y entonces al verse acorralados, tener que acordar.
 Todo esto pensaba mientras cruzaba presurosa la avenida frente a los Tribunales, sin prestar demasiada atención a su actitud al cruzar, lo hizo con el semáforo en rojo. Apenas hizo un metro aproximadamente y sintió cómo su cuerpo era golpeado fuertemente y despedido a varios metros del lugar cayendo en la calle sin sentido.
 Mientras volaba por el aire antes de caer vio cómo entraba en un largo pasillo azul, su cuerpo se deslizaba por él con la misma lentitud de una cámara que puede hacerlo una cámara cinematográfica, no sólo sintió una gran sensación de paz sino que simultáneamente que recorría el largo pasillo veía que se acercaba a un amplio lugar de donde emanaba una luz blanca como jamás había visto, la cual al llegar la había cubierto de un sentimiento intensísimo de amor y de paz, había llegado a un lugar del cual nadie quisiera irse jamás y por un segundo ella tampoco quiso.
 A los pocos instantes comenzaron a aparecer personas conocidas anteriormente que habían fallecido pero no se le acercaban permanecían paradas con rostros de una inmensa paz y felicidad pero ninguno, y muchos eran muy queridos para ella, se le acercó. 
 De pronto y sin poder ver de dónde, apareció frente a ella un ser que emanaba una amorosa luz que lo envolvía todo y que la tomó de la mano y la llevó a un lugar rodeado de flores donde comenzó a hacerle algunas preguntas, en la que más insistió fue en cuánto había amado, pero no solamente a sus seres queridos y cercanos, sino también a los desconocidos y hasta a sus enemigos. No pudo contestarle que lo había hecho, había amado mucho a sus padres, a su hermano, a sus hijas y a su trabajo, pero no creía tener muchas más personas que agregar, en realidad había hecho una vida cerrada dentro de su núcleo familiar y todo su esfuerzo y su amor se lo había dado a ellos y a su trabajo, argumentando esta actitud con infinidad de inoperantes excusas.
 El ser de luz, le preguntó por sus hijas, ella le dijo que la mayor, había partido hacía unos años, a lo que el ser le contestó que lo sabía y que pronto la vería, y en cuanto a la menor, vivían juntas y era todo lo que tenía en la vida, esto era recíproco y si bien siempre había deseado reencontrarse con su hija mayor, no esperaba abandonar ahora a la menor, su sufrimiento sería atroz y temía por su reacción y por lo que pasara con su fe, algo que hasta ahora había sido muy fuerte.
 El ser de luz, luego de escucharla atentamente, la tomó de la mano y le dijo que solamente podría volver con su hija menor si le prometía que desde que volviera a vivir su vida normalmente comenzaría a amar más, amar en el auténtico sentido de la palabra, amar sin esperar recibir nada a cambio, "amar a los que más lo necesitan,  amar al prójimo como a sí misma". Estas últimas palabras le confirmaron el exacto lugar en el que se encontraba y quién era ese ser de luz, el mismo a quien siempre había tratado de seguir en su fe, era Jesús, y le estaba proponiendo un acuerdo, pensó apenas un instante en lo que esto significaba y lo abrazó llorando mientras le decía que sí y que nunca dejaría de agradecerle, solamente le pedía que le permitiera ver y abrazar unos instantes a su hija primera, quien hacía ya unos años estaba en ese lugar, con Él. 
 Jesús le pidió la esperara y en instantes regresó de la mano de su hija tan amada y tan necesitada su presencia en su vida desde hacía diecisiete años. Bastó que ambas se miraran para que se fundieran en un abrazo que la llenó de una vida nueva y de un amor que no imaginaba nunca que pudiera ser capaz de sentir. 
El abrazo con su hija le fue permitido que fuera muy largo, de mucho tiempo, al par que ambas se besaban en las mejillas y se decían mutuamente que se amaban como antes, su hija le decía que se fuera tranquila que ella estaba perfectamente bien, que era muy feliz allí y que siempre estaba cerca suyo y de su hermanita y que las seguiría esperando hasta que el Padre lo decidiera. Se dieron el último apretón y Jesús le indicó el camino por el cual salir, al alejarse vio a su hija tomada de Su mano y se fue tranquila y feliz. 
 Fue en ese mismo instante cuando abría los ojos y una luz blanca metálica que le dañaba la vista la sorprendió, vio a su hija menor llorando y riéndose al mismo tiempo a su lado y al instante llamar a un médico, Enseguida vinieron varios de ellos y pudo ver la enorme sonrisa de su hija pidiendo por besarla, lo cual ella también hizo. Estaba otra vez en casa, recordó todo lo vivido y se dijo a sí misma que debería empezar inmediatamente a cumplir su parte del acuerdo, la Otra Parte, ya había cumplido la suya... 
 Mientras abrazaba a su hija menor pensó que seguiría trabajando en acuerdos en la profesión, sin duda era buena con ellos, había logrado el mejor de toda su vida.


lunes, 28 de noviembre de 2011

Viaje sin final


La ruta se extendía recta hasta el horizonte, ella rodaba su auto de mediano porte con la velocidad establecida, no acostumbraba a salirse de las reglas y menos en las que algún peligro podía correr. Era resuelta y libre pero muy responsable consigo misma y con su entorno.
 Mientras manejaba su mente al par que atendía las señales del camino, pensaba en su amor, Juan Pablo Fleitas, el hombre al que iba a ver y con el cual habían planeado aquel encuentro por meses. Él siempre le hablaba de cuánto la extrañaba y de  lo solo que se sentía sin ella, que no veía la hora de que se reencontraran después de aquel obligado viaje de trabajo.
 Ella había preparado todo como lo habían previsto ambos, hora de llegada, días de estadía y todo lo que a ella personalmente le comprendía, su vestuario y toda su necesidad de entregar y recibir su amor que hacía tanto tiempo postergaban.
 Conectó la radio para escuchar alguna melodía, pero buscó y no encontró nada que le agradara, sin embargo se quedó en una noticia que decía ser urgente y que se trataba de un accidente en un edificio de la ciudad adonde ella se dirigía. Se quedó escuchando lo que transmitían, había habido una explosión de un termotanque en un departamento,  se había encontrado a una pareja fallecida sin ropas en la cama matrimonial, sin dudas decían los peritos habían muerto por asfixia porque el incendio se apagó sin que llegaran a calcinarse los cuerpos.
 Su atención se elevó y sus oídos no escuchaban nada más que aquel relato. De pronto su corazón dejó de latir, o por lo menos así lo sintió, clavó los frenos con toda su fuerza y se detuvo en medio de la ruta sin pensar en el riesgo de tamaña actitud, es que el locutor estaba dando el domicilio del siniestro y los nombres de la pareja fallecida, el hombre se llamaba Juan Pablo Fleitas.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La llave



Por lo menos encontré la llave, espero sea la correspondiente, porque sino tendré que seguir buscando y quién sabe cuánto tiempo más me lleva esto.
 Dejo aclarado que trataré de abrir la puerta, pero si es la llave correcta, sólo podrán pasar los buenos, los justos, las buenas personas, las solidarias, las sensibles al dolor ajeno, en definitiva los que saben amar y se dejan ser amados, el resto que se busque su propia puerta, ellos tienen otro lugar.
 Ah! Me olvidaba, encontré la llave de la felicidad...



jueves, 17 de noviembre de 2011

El tren fantasma


Esa noche Juan Ferreyra volvía tarde de su obra en Miraflores, en el interior de su provincia, había sido un día de mucho trabajo. A pesar de todo, todavía no tenía sueño aunque se encontraba bastante cansado.
 Tomó el camino acostumbrado, lo hacía tres veces por semana hacía ya cuatro meses, lo conocía perfectamente, sabía que a pocos kilómetros de la última curva cruzaba una vía muerta, que por serlo, ni barreras tenía, ya que hacía más de cincuenta años que no circulaba el antiguo ramal General Belgrano que venía de Buenos Aires, por lo tanto no aminoró la marcha y siguió el viaje.
 Pero de pronto, a unos cien metros del lugar escuchó el ruido de un tren en marcha, el ulular de su reconocida bocina como asimismo la luz que emitía el enorme faro del frente de la máquina.
 Por supuesto frenó con rapidez y llegó a tiempo a detener su auto bien frente al convoy que se desplazaba lentamente y a oscuras. Era un tren de pasajeros y mientras lo observaba notó que solamente iba iluminado un vagón donde viajaba una jovencita, le pareció reconocerla, pero el paso del tren al continuar no le permitió a su memoria encontrar el recuerdo y se quedó intrigado.
 El tren era no demasiado antiguo, pero tenía muchos vagones, en todos los demás no viajaba nadie. Le pareció muy extraño todo, pero más aún que no pasando nunca lo hiciera esa noche y con una sola pasajera.
 Cuando el tren terminó de cruzar el paso a nivel, se cercioró bien de que no hubiera otro por venir y cruzó las vías.
 Llegó pronto a su casa, el paso a nivel no quedaba muy lejos. Le contó a su esposa cuando llegó, la situación extraña que había vivido y ella le dijo que quizás lo habían hecho circular nuevamente y ellos no se enteraron. Eso le parecía a Juan una explicación poco viable, ya que la ausencia del tren hacía tantos años era un hecho no olvidado por la población que siempre pedía que volviera, pero los sucesivos gobiernos no lo traían por considerarlo poco rentable. No, si hubiese estado por implantarse el servicio nuevamente él ya se hubiera enterado, al fin de cuentas a pesar de tanto trabajo era un hombre informado.
 Como aún no estaba la cena, se sentó frente al televisor y con toda la intención de encontrar la noticia, la buscó en todos los canales, pero nadie decía nada, todo era política, policiales y espectáculos. Es más se transmitía la nota sobre un accidente entre dos micros en la ruta y tanto la gente que comentaba haber visto el hecho, como el propio periodista reclamaban a las autoridades la reinstalación del servicio de trenes, esto aliviaría el tránsito de micros de larga distancia en las rutas y disminuirían los accidentes decían.
 Esta noticia lo dejó más perplejo aún, era casi la confirmación de que el tren seguía siendo un servicio sin funcionar. Al día siguiente, comentó el hecho entre los otros ejecutivos de la empresa y todos se rieron de él, tomándole el pelo con una supuesta ingesta de bebida alcohólica antes de viajar, nadie lo tomó en serio.
 Su duda se acentuaba más aún cuando pensaba en la jovencita que viajaba en el único vagón iluminado, hacía todo lo posible de recordar quién era pero no podía, aunque estaba seguro de conocerla.
 Trató de olvidarse de lo ocurrido porque estaba visto que era algo muy extraño y se dijo asimismo si no se habría dormido un trecho manejando y soñó, pero esto también era imposible porque recordaba bien que no tenía sueño todavía y que al contrario manejaba tranquilo y satisfecho con su trabajo, le llevaba mucho tiempo pero lo hacía feliz, todo lo feliz que no era en su matrimonio y por lo cual tenía a su Nora, su amante telefónica que lo devolvía a la vida cada vez que se comunicaban.
 Era una relación especial, había comenzado en la adolescencia en su pueblo adonde ella había ido a parar por el trabajo de su padre cuando eran ambos adolescentes, luego ella tuvo que volver a vivir en Buenos Aires y se siguieron escribiendo, aunque no pudieron concretar su amor en matrimonio ni mucho menos. En cuarenta años, se habían visto cinco veces en diferentes etapas de sus vidas pero lo que lo hacía especial era que nunca habían cortado del todo la comunicación entre ellos, ambos sabían que se amaban, ambos se habían casado con otras personas pero así también ambos quisieron conservar su amor en el tiempo y pudieron. Primero con cartas, luego teléfono, mails, mensajes de texto, chateo, fotos y algunos pocos viajes conformaron una relación paralela a su matrimonio para Juan que no amó nunca a su mujer, y una relación actualmente única para Nora que ya hacía quince años que estaba separada y que por lo tanto vivía mucho más aferrada emocionalmente a Juan dada su larga soledad.
 Nora sufría la distancia, el tiempo pasado sin estar juntos, el presente tan esporádico, solamente con llamadas y le reclamaba mucho a Juan su inercia de dejar siempre las cosas de la misma manera y no preocuparse por estar más juntos ya que estaban en una edad en la que pocos sueños podían ya cumplirse.
 Pensando todo esto, Juan volvía de su trabajo y se decidió a llamarla, para contarle el hecho como una anécdota y para sacarse de encima las preocupaciones del día escuchando su dulce voz, esa voz que siempre lo sedujo tanto.  Lo hizo al celular como siempre porque sabía que nadie sino ella le contestaría, si bien su hija conocía la relación él sabía que no le tenía mucha simpatía por esto de estar casado y prefería no importunarla por el teléfono fijo.
 Llamó al celular, el teléfono sonó varias veces y lo pasó al contestador. Lo intentó de nuevo, pensó en la tormenta que se avecinaba y que podía estar interrumpiendo las ondas telefónicas, esta vez atendió, cuando escuchó la voz del "hola" inmediatamente se dio cuenta que no era Nora, no quiso ser descortés y preguntó por ella, la hija de Nora le contestó que era Natalia su hija, que sabía bien quén era él. Su tono de voz no sonaba ni cordial ni alegre, notó que al par de hablarle agresivamente lo hacía con dolor, parecía estar llorando, se quedó callado esperando que terminara la frase, y esta fue lo más terrible que podía haber imaginado, mejor dicho nunca lo imaginó, su hija le decía :"Señor Ferreyra, mi mamá se suicidó ayer por la tarde, la estamos velando". Su grito fue estridente y cortó porque en aquel preciso instante recordó de quién era el rostro de la jovencita del tren... era el de  Nora cuando él la conoció, la Nora adolescente.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La dueña de la casa


La angustia se apoderaba de ella cada vez más, no podía ni siquiera pensar, lo que estaba viviendo le parecía inaudito, injusto, imposible de que sucediera, pero lo era, ya no era dueña de su propia casa, porque ni podía traer a su madre un día que debía acompañarla al médico.
 La casa había sido invadida por un ser extraño que no entendía razones de ninguna especie, se negaba terminantemente a que alguien entrara a la casa como si fuera la dueña total y absoluta de la misma.
 ¿Cuándo había comenzado esto? se preguntaba ella, ¿En qué momento le quitó la capacidad de decisión sobre lo único material que había logrado poseer? Su casa era su refugio y si bien ella nunca traía a nadie porque tenía una enfermedad que se lo impedía, también era cierto que no podía rechazar literalmente la presencia de su madre ya que esto era superior a cualquier normalidad.
 No entendía tampoco por qué siempre terminaba haciendo lo que su hija ordenaba, no lo entendía.

Pensativa



Se llamaba Rita Aguirre y hacía muchos años que conoció su existencia y fue a expensas de la propia Rita que un día cualquiera de los años noventa la llamó a su trabajo para supuestamente saber quién era ella, porque sabía que se escribían cartas con su novio, Juan Fuentes, quien vivía en Corrientes como ella.
 Nora, la destinataria de esa llamada, se sorprendió al conocer la noticia pero hizo todo lo posible de que esto no se notara, aguantó las lágrimas y se dijo para sus adentros que ya hablaría ella con Juan y le diría unas cuantas cosas. El tema es que parece que Rita y Juan hacía ya nueve años que estaban de novios, a punto de casarse porque ella llevaba un embarazo de casi cinco meses. Todo eso lo tuvo que digerir Nora, en la soledad nocturna ya de su oficina habiéndolo ignorado todo durante años que llevaba comunicándose con Juan como cuando fueron novios, ella a pesar de su matrimonio, continuaba esta relación que fue para Nora el gran amor de su vida y que produjo su posterior separación tanto de su marido como de Juan. Por supuesto Juan continuó con su noviazgo e inminente matrimonio  y Nora pasó el resto de su vida en absoluta soledad.
 Pasaron los años, Juan continuó con su vida familiar con total normalidad,  a Nora le pasaron infinidad de cosas, todas dolorosas, lo peor fue la muerte de su hijito de leucemia, y otro de los dolores del que  nunca pudo reponerse fue de ese abandono espontáneo que hizo Juan de ella, ni bien su novia se enteró de su relación con ella. Literalmente no le escribió ni la llamó nunca más. Todas las palabras, todas las promesas, todo, absolutamente todo había sido una total mentira..
 Un día cruzando una calle de Buenos Aires, Nora presencia un accidente de importancia, en él una mujer se encontraba involucrada y además muy herida, fue trasladada inmediatamente a un hospital. La mujer había cruzado por la mitad de cuadra y con el semáforo en rojo y estaba realmente grave.
 Nora siguió su camino muy consternada hasta que inesperadamente apareció un policía que le preguntó si ella había visto algo, ella le dijo que algo, pero que en el tumulto no demasiado, el oficial le tomó los datos y le dijo que podrían llamarla a declarar.
 Le molestó un poco porque si bien se condolía con la pobre mujer desmayada en la calle, tampoco quería sentirse parte del hecho, que la llamen y en una palabra que la molesten en su vida cotidiana. No era mucho lo que ella podría hacer porque no vio demasiado, pensó,
 Continuó con su vida habitual y a los dos meses del accidente le llegó una citación de la comisaría de la zona. Tuvo que ir a declarar lo que vio, pero antes de hacerlo, leyó la carátula del expediente y allí sobrevino la sorpresa, la mujer se llamaba Rita Aguirre de Fuentes y era natural de la provincia de Corrientes, pidió leer más datos y se enteró de que había venido con su hija Juliana a hacerse ambas chequeos médicos, el día que volvía del propio en el que le anunciaban que tenía un mal incurable fue cuando cruzó mal y la atropellaron.
 El oficial le permitió leer el expediente completo y le dijo que su declaración era fundamental para el monto que pudiera cobrar en el seguro y para el posible juicio de daños y perjuicios que la señora quisiera iniciar porque dependería en mucho de cómo se produjeron los hechos y que habían podido recabar tan sólo su testimonio.
 Nora cerró el expediente y le empezó a contar los hechos al oficial. La señora había cruzado por la senda peatonal con el semáforo a su favor y el auto no se detuvo y la embistió.
 Al tiempo se enteraba por los diarios que la señora del accidente de la calle Vieytes había ganado no sólo el juicio penal sino también el de daños, en el cual cobraría una millonaria suma ya que las pruebas habían sido a su favor. Todos los diarios comentaron que con ese dinero podría viajar a Estados Unidos y hacerse el trasplante que necesitaba para mejorar de su mal, leucemia, razón por la cual se estaban activando rápidamente todos los trámites judiciales. Nora cerró el diario y se quedó pensativa.

sábado, 12 de noviembre de 2011

La visita



La llegada de la amiga de su hija le molestaba, no era una mala chica, venía sólo por un rato y se iría pero traería sus dos niñas de 7 y 10 años. Ella con esta visita se sentía invadida, su enfermedad no sólo le impedía salir de su casa, también la hacía sentirse mal el que viniera gente a ella, ver gente extraña en su casa era un martirio difícil de sobrellevar.
 Se dijo a sí misma que superaría el trance y que se quedaría encerrada en su cuarto para no sentirse tan mal. Eso pensó sinceramente, que podría superar su agorafobia y por lo menos encerrada en su cuarto no sentir los terribles estados de angustia que la aquejaban en situaciones como esa.
 Estuvo nerviosa desde el día anterior, tanto que hasta soñó algo relacionado con esa visita, se levantó con la misma preocupación y el resto del día mientras indicaba a su empleada las tareas novedosas a realizar por la llegada de la invitada, su angustia, su nerviosismo, su intranquilidad y su sensación de invasión iban en aumento.
 Tuvo que ocuparse de algunas cosas antes de que llegara la amiga de su hija, las hizo con premura y pensó en todas las posibilidades que le quedaban de no tener que vivir la angustia de recibir a las visitas, pero no encontró otra mejor que la de quedarse encerrada en su cuarto hasta que se fueran.
 Las horas corrían, los minutos pasaban y ya se comenzaban a notar los síntomas de su enfermedad, decidió por lo tanto comer algo liviano y recostarse en su cama, para lo cual se desprendió de los siete gatos que poblaban su casa, un capricho que tuvieron ella y su hija un día de quedarse con toda la cría de su pareja de gatos.
 Cuando las tres de la tarde estaba cerca, ya se trajo su Coca Cola, cerró su venta y apagó la luz. Estaba totalmente sola. Se quedó en absoluto silencio durante mucho tiempo, todo el que correspondió a la presencia de la intrusa. Se terminó quedando dormida, cuando se despertó se sentía somnolienta y pequeña, si, literalmente muy pequeña, miró sus manos y se asustó tenía garras y pelo en ellas, de un color amarillento, se incorporó en la cama y notó que su cuerpo no era el mismo que siempre tuvo, corrió como pudo con su nuevas piernas hacia el espejo, no podía creer lo que veía, el espejo le devolvía la imagen de una linda, gordita y peluda gata rubia, indudablemente no había podido superar su agorafobia y su organismo se defendió como pudo.



jueves, 10 de noviembre de 2011

Tarea difícil proponerse escribir un cuento en diez minutos, podré hacerlo? Veremos, Tengo que ir al médico, estoy lista, hasta con la cartera en la mano, llevo hasta pensado de lo que quiero hablar, estuve analizando un poco la actuación de mi otro yo en mi psiquis y llegué a una conclusión que me satisfizo y no sólo eso, superó el problema inminente que me aquejaba.Necesito realmente ir al terapeuta? ,,,, Creo que no, que mejor me hace analizarme yo misma, curarme y dedicarme a escribir que es lo que realmente me gusta, mucho más que hablar.
 Fue un cuento? no losé, quizás le falten características del mismo, pero he contado una pequeña historia y eso creo que vale. Terminé. Menos de diez minutos. (Ahora a corregir las faltas de mecanografiado)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Sueños recurrentes




Nada podría cambiar ya esas terribles palabras, si bien habían sido dichas en un contexto de agresividad verbal mutua, eran demasiado fuertes como para esperanzarse en una retrospección y posterior pedido de disculpas. No para nada, ella lo conocía muy bien, sabía cómo actuaba, sabía de su parquedad y de su orgullo y por lo tanto sabía que aquel "se terminó" era para siempre, para el resto de sus vidas. Después de todo aquello que nunca fue nada más que una relación con ribetes de amorosa, había durado demasiado para sus características, distancia y mucho, demasiado tiempo.
 Pero ella, pudo comprobar las noches siguientes, cuánto y cómo puede defenderse el alma humana de los horrores de su dolor, de la terrible angustia que significaba para ella haber perdido al amor de toda su vida, porque para ella sí lo había sido, para ella sí había sido importante a pesar del no compromiso estructurado y formal, dentro de su alma vibraba su amor como única y leal garantía de algo que había nacido en la adolescencia de sus vidas.
 La comprobación llegó a través de los sueños, ella, que siempre se quejaba de no soñar nunca con él al día siguiente del final comenzó a soñarlo, pero he aquí lo maravilloso de la mente humana, no lo soñaba como era en la actualidad, cuarenta y tres años después de haberlo conocido, lo soñaba de dieciseis años, como cuando empezó a amarlo. Eran sueños nítidos, vívidos, donde al despertar su memoria recordaba su rostro adolescente como si lo mirara en una fotografía, y ese sueño, junto con el del día anterior la tenían todo el día sumida en ese pensamiento, en esa lúdica actividad de recomponer los troqueles de una situación elaborada por su mente, que a la sazón en realidad era solamente un mecanismo de defensa, un cable a tierra para no desfallecer en medio de tantas lágrimas y soledad.
 Se dio cuenta que más soñaba más lo recordaba como era él en aquellos años en que ella empezó a amarlo y esto le hizo comprender que con el paso del tiempo no habían cambiado sólo su rostro ni su cuerpo, el hombre que actualmente decía amar no tenía nada que ver con aquel muchachito bonito y bondadoso de los sesenta que nunca la había dañado y que jamás lo hubiese hecho de pensar en el futuro.
 Esos sueños se transformaron en recurrentes y le hicieron notar que ella estaba ciega, que la separación traumática de su lado que vivió a los casi diecisiete años, congeló el sentimiento e idealizó al objeto de su amor, el que pasó a ser para su inconsciente eternamente el jovencito que le dijo "te quiero" al oído un 25 de mayo en un barcito de un pueblito perdido en el norte argentino.
 Los sueños continuaron y ella aferrada a éstos pudo olvidar el dolor que le provocó su supuesto amor actual y pudo así creer que había por fin reaccionado y visto la realidad, pero en medio de este supuesto "darse cuenta", no notó los cambios sobrevinientes y lo hizo recién un día que sin proponérselo pasó frente al espejo.  Se volvió azorada, no podía creer en la imagen que le devolvía el plateado cristal, su rostro había cambiado. Nuevamente sus mejillas estaban en su lugar tersas y suaves, sus ojos volvían a tener el brillo aquel de antaño y su pelo caía largo y abundante sobre sus hombros. Buscó mirarse entera y en el espejo se le reveló una dulce jovencita vestida con el uniforme de su antiguo colegio secundario, cuando buscó a su madre, la encontró en la antigua cocina, tan joven como lo era cuando ella tenía quince años, no podía entender lo que había sucedido, no podía imaginar el motivo del fantástico cambio
 Recordó sus sueños y en ese instante sonó el timbre de la puerta de calle, salió corriendo a ver quién era, no podía creer lo que veían sus ojos,  su amor adolescente la esperaba, con su carita de muchachito bonito y bondadoso, diciéndole con alegría, -¡Hola mi amor!  ¿Llegué muy temprano?- Mientras su corazón latía raudamente y con la absoluta felicidad que la embargaba, ella corría a abrazarlo negándose siquiera a intentar comprender nada de lo que ocurría,  su mente y su corazón sólo sabían que nuevamente... era feliz.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Soledad





Hacía un tiempo ya que vivía encerrada, desde que se enteró lo de su marido y luego se enfermó y quedó internada varios días. Dos hechos que marcaron sus últimos años.
 Cuando volvió de la última internación, porque fueron dos, una en el 2003 y la otra en el 2008, trabajó solamente hasta fin de año y ya comenzado el año nuevo abandonó.
 De a poco fue abandonando todo lo que hasta ese momento hacía, las tareas de la casa, las compras hogareñas y hasta las propias compras, ropa, zapatos, dejó de maquillarse y de arreglarse.
 Logró que le trajeran el pedido de almacén a su casa, se hizo clienta de una casa de comida hecha y mientras su hija estudiaba y trabajaba, ella se quedaba cada vez más sola y más encerrada.
 Abandonó a todas sus amistades, hizo todo lo posible porque nadie entrara, salvo una chica que tomó para que le hiciera la limpieza, y también se desligó de toda salida fuera de su casa, salvo alguna urgencia al médico. El control de su corazón que debía hacerse cada seis meses se lo hizo tres años después, como daba que estaba igual no volvió más.
 Se encerró en su casa con la clara intención de que no la viera nadie ni ella ver a nadie tampoco. Le molestaban las conversaciones y los ruidos, tanto que también abandonó el supuesto entretenimiento de mirar televisión y de escuchar radio, a veces, muy de vez en cuando, solía escuchar algo en su computadora que fue lo único que continuó presente en su vida, la computadora y la cama. Porque sus días los pasaba encerrada en su habitación adonde tenía a ambas y sólo iba a la cocina a picar algo y a buscar su Coca Cola que era otra de las cosas que no había abandonado.
 Le gustaba estar sola, o mejor dicho, lo prefería, hubiese querido estar acompañada pero de quien quería estarlo no podía, así es que había decidido esta soledad absoluta y ermitaña para su vida, para el resto de su vida y así la vivía.
 Su hija viajaba mucho, todos los fines de semana estaba fuera y en la semana en su trabajo o facultad así es que su soledad era más completa aún.
 Un domingo en que su hija estaba de viaje, en la mañana, por lo menos ella así creía que era porque se había acostado en la noche, se levantó y notó algo raro, estaba todo muy oscuro, pensó que se había despertado de madrugada, miró su reloj y marcaba las diez de la mañana, no entendía por qué no veía entrar el sol por las rendijas de las ventanas. Se decidió a abrirla como hacía todos los días, total siempre sabía que no la veían desde afuera porque tenía unas cortinas que no lo permitían, eso sí ni bien se iba la luz era todo lo contrario, se veía todo por lo tanto su apuro era mayor para cerrar bien y permanecer escondida de todos. Abrió entonces la persiana de su habitación y al mirar hacia afuera no vio nada más que estrellas, corrió a la ventana de la cocina desde donde se veía la medianera del vecino y grande fue su sorpresa al ver que ya no había medianera, nuevamente sólo se veían estrellas, abrió entonces la ventana del living, lo mismo! Su última esperanza era el jardín de invierno, los perros dormían plácidamente en sus sillones, pero ante ella, del otro lado de los vidrios de las ventanas no se veía su quincho y su parrilla ni su jardín, sólo se veían estrellas, allí se dio cuenta que tampoco había piso ni calles, ni casas, ni barrio, ni país, ni tierra, ni nada! Su casa literalmente volaba por el espacio infinito!!
 Cuando su hija volvió, tomó sus llaves, abrió la puerta de la reja, luego la del living, y se dirigió directo a la heladera, estaba sedienta de coca cola, le pareció raro que no había ni una y también que su madre no apareciera,  grito con alegría ¡Mami ya llegué!, salió por el comedor hacia el cuarto de su madre abrió la puerta imaginándosela eternamente sentada frente a su computadora, su sorpresa fue muy grande cuando vio que su madre no estaba en el cuarto ni tampoco su computadora... ni su cama.

lunes, 24 de octubre de 2011

Dimensiones



Estaba cansada, no había sido feliz en su vida, demasiados dolores, demasiadas pérdidas habían hecho de ella una mujer triste y melancólica, sumida siempre en un silencio aturdidor, en un semiletargo en plena vigilia.
 Aquella noche se durmió como siempre, como todas las noches, rogándole a Dios que se la llevara de una vez, para qué seguir, ya no había motivaciones ni incentivos para continuar una vida que sentía ya no le pertenecía.
 Se acostó como siempre, rezó sus oraciones, que nunca faltaban y trató de pensar algo agradable para tener sueños bonitos por si Dios no la escuchaba y esa noche no se la llevaba y mañana había que volver a la rutina.
 Mientras dormía soñó varias situaciones de su vida, en realidad muchas más de las que habitualmente lo hacía. Soñó con pasajes de su infancia, por sus ojos pasaron también aquellos dulces momentos adolescentes, luego el primer gran dolor la separación de su amor, más tarde una de las tres grandes pérdidas, la primera, la de su hermano.
 Y así a lo largo de la noche se fue desarrollando toda su vida, no faltaron los nacimientos de sus hijas, la temprana ausencia de la mayor, la separación del que fuera su padre y luego casi la actualidad, esta sinrazón que vivía pero que ya era una supervivencia nada más, nada de lo grandioso o bello que la vida puede dar le era dado ya.
 Cuando despertó, se desperezó aún con los ojos cerrados, pero enseguida notó el cambio. Su corazón latía pausadamente pero dentro suyo sentía una extraña paz y un inmenso amor, a qué? -se preguntó- a todo, se contestó a sí misma, abrió los ojos y comenzó la sorpresa, su cuarto no era su cuarto, era otro mucho más bonito y acogedor, era el cuarto que siempre había soñado despierta en sus cavilaciones.
 Pero eso no era todo, lo más sorprendente lo vivió al instante siguiente, cuando miró a su izquierda vio durmiendo a su lado a un hombre. En principio se asustó, pensó en un ladrón, encendió rápidamente la luz, el hombre dormía plácidamente pero al encenderse la luz se despertó y mirándola con ternura le preguntó con ese acento que ella conocía tanto -¿Qué pasa mi amor?, estás bien?-, no atinó a contestarle nada porque cuando lo observó mejor terminó de reconocerlo, era su amor, ese hombre que había amado toda su vida y con el cual nunca pudo concretar nada más que unos meses de amor platónico en la adolescencia y luego una eterna vida de llamadas telefónicas que ya más la dañaban que otra cosa.
 No salía de su asombro cuando decidió mirar por la ventana y entonces allí ya su mente voló al infinito. El espectáculo que se le presentaba era paradisíaco.
 Un lago de aguas cristalinas frente a la casa era rozado permanentemente por las aves que levemente bajaban a beber de sus aguas. A lo lejos, los cerros llenos de distintos verdes y pintados de nieve y al costado una hilera de pinos. Un frente larguísimo de flores de lavanda exalaban  su perfume único y las ardillas del bosque hacían su paseo mañanero saltando aquí y allá..
 Aún no salía del asombro del paisaje cuando frente a sí misma había un espejo, creyó que soñaba, pero no, se daba cuenta que era todo muy real, el espejo le devolvía la imagen de la mujer hermosa que había sido hacía por lo menos treinta años, sus largos cabellos rubios caían en cascada y su piel aún tersa destilaba su perfume de siempre. Era joven nuevamente. Era como vivir un sueño, pero no lo era, estaba absolutamente segura de que estaba despierta, donde fuera, como fuera, pero eso que estaba viviendo era real.
 Su amor volvió a preguntarle -¿De verdad estás bien chiquita?- Te noto extraña... Ella lo miró, le tomó el rostro también el suyo aún joven entre sus manos y no preguntó nada, sólo le contestó que si, que estaba espléndida, que nunca había estado mejor en su vida. Se metió nuevamente en la cama y se abrazó fuertemente a su amor como siempre lo había soñado.
 No quería preguntarse nada más, sólo quería vivir aquello sea lo que fuere, sólo vivirlo y disfrutarlo como toda la vida lo había imaginado.

Melan

sábado, 15 de octubre de 2011

El beso final





Y pasaron muchas cosas desde el último día que se vieron , y hoy, otra vez el silencio, la distancia que tanto los separa, el que parece olvido y a lo mejor lo es, el tiempo que pasa inexorable y que todo se lo lleva, ella aborrece el tiempo, cada día más. Desearía que un sortilegio lo detuviera, en un momento, en un minuto, en un exacto segundo en que por alguna extraña razón ella fuera feliz y allí se quedara inmóvil, quietísimo, sólo permitiendo que hablen sus voces, que se vean sus presencias y que se muevan sus cuerpos y entonces ella se  abrazaría a él y él la tomaría en ese abrazo eterno y se mirarían y luego lentamente...cerrando los ojos... comenzarían a besarse... y tendrían en sus bocas una miel adictiva que los mantendría así, unidos por ese beso, por ese deglutirse en un ósculo sin fin hasta la eternidad, porque el mundo se habría detenido sólo para ellos y nadie osaría interrumpir ese beso único en el universo, pero cuando hubiésen despertado del letargo en el que habrían estado sumidos durante milenios, todo estaría destruído, todo habría terminado y ellos, serían  los únicos,  los últimos o... los primeros....

jueves, 18 de agosto de 2011

Otoño




No podía acostumbrarse a ella, aunque lo intentara no podía, aunque tratara de que no se note, aunque no pensara en ello, no podía. Y no podía porque existía una dicotomía en ella, por fuera era "eso" y por dentro era "aquello", seguía siendo "aquello", aquello tan bello y tan dulce y tan suave y tan tierno y tan inocente que atrajo miradas y sonrisas y caricias y besos tiernos y de los otros. Aquello, había sido ella, una mujer hermosa, más aún, una mujer bella, sus cabellos castaños, sus grandes ojos verdes, su boca perfecta no hacían más que acentuar  una belleza que venía de lo más profundo de su alma, porque fundamentalmente, ella... era un alma bella.
 Pero la corriente del río que atraviesa el gran valle de la vida no se detiene nunca, busca su cauce, el océano, donde en definitiva terminan muriendo todos los ríos cargados de limo y verdes resacas y ajadas riberas y barrosas playas. Su río no fue distinto y ya había cruzado lo mejor, la cascada, y desde allí corría serpenteante hacia al mar a un ritmo inusitado, a un ritmo que ella jamás había notado que sucediera.
 Es que el tiempo de la juventud se vive sin notarlo, es como si no existiera, es como si los relojes se hubiesen detenido cuando cumplimos veinte años. Porque toda la máquina humana está preparada para alcanzar las mayores alturas y distancias en esa época, luego no, luego de pasar la quinta década, todo cambia, varía inexorablemente y más aún en la mujer y ella era una.
 Hacía un tiempo ya que vivía recluída, distante de todo y de todos, no quería que nadie la viera, temía la comparación con la que fue en su pasado, la misma comparación que ella hacía. Se había transformado en una mujer solitaria, una mujer a quien su belleza de juventud le deparó una eterna soledad en su madurez y seguramente lo sería aún más en su ancianidad.
 Había llegado a tal punto de rechazo de su rostro y de su cuerpo en general, que se había desprendido de todos los espejos, no quería ver el deterioro exterior ¿Cómo verlo? ¿Cómo aceptarlo? Si el interior seguía pleno de emociones, de necesidades insatisfechas, de deseos de crear, seguía pletórico de amor...
 No lo soportaba más y por lo tanto se decidió a hacerlo, aquel día que se quedó totalmente sola, cerró puertas y ventanas, apagó todas las luces, fue al baño y con el frasco de comprimidos en la mano y un vaso de agua en el otro esta vez sí se miró al espejo...
 Cuando su hija llegó la encontró durmiendo.

sábado, 30 de julio de 2011

La sorpresa




Ese jueves entró a su casa después de una larga jornada en la que no había podido pasar al mediodía a almorzar, su mujer contestó su saludo sin levantar los ojos de la mesada donde cocinaba la cena porque se habían quedado sin empleada. No le preguntó siquiera cómo estaba o cómo había sido su día. Siempre era así. Trabajaban en el mismo lugar, no había mucho de nuevo para enterarse.
 Años de convivencia en la casa y en el trabajo habían hecho de ellos dos personas cansadas de verse, la verdad, cada uno lo sabía en lo propio y del otro pero ninguno se animaba a decirlo nunca, pero estaban hartos de ese matrimonio.
 Por eso cuando él se le acercó para saludarla con un beso, ella se sorprendió y sólo atinó a abrir los ojos, su pensamiento fue -y ahora qué le pasará a éste?- Él sabía que ella pensaría algo parecido pero siguió hacia el dormitorio a cambiarse y volver para encontrarse con su hija saludarla y sentarse la familia a cenar como todas las noches de sus vidas, mirando la televisión.
 Él siempre se iba a dormir primero, era la manera de soslayar con un verdadero a veces, otras simulado sueño, la última obligación del día, tener sexo con su mujer.
 Tenían un día de la semana para eso y era el sábado a la noche. Hacía años que ya estaba tácitamente estipulado y ni uno ni el otro esperaba nada el resto de los días de la semana, trabajaban mucho los dos y el cansancio consumía las energías y fue consumiendo también el amor de la pareja, pero por las dudas él siempre se dormía antes que ella.
 Esa noche a diferencia de siempre se quedó mirando una película, ella dejó los trastos de la cocina para el día siguiente y cayó exhausta en el sillón frente al televisor. Deberían encontrar una empleada pronto, ya no aguantaba ese ritmo de la casa.
 Se enfrascaron en una película que él ya había visto, los dos solos, la hija adolescente de ambos nunca se quedaba, al día siguiente se levantaba temprano para ir al colegio.
 La película terminó y el matrimonio se fue a la cama. Se desvistieron ambos al mismo tiempo. Él ya había olvidado cómo era su cuerpo, lo de los sábados era tan automático... Lo notó extraño, más voluminoso de lo que creía y su piel bastante más oscura. La cama solar había dejado sus resabios.
 Ella se puso su pijama azul y él se acostó en ropa interior. Ella pensó que tendría frío, pero se dijo -que haga lo que quiera- y apagó la luz, se disponía a dormir con un leve y aburrido "hasta mañana".
 Él no le contestó, se dio vuelta hacia ella  y comenzó a acariciarla, en medio de la oscuridad, pasó sus manos por todo su cuerpo y desde su posición comenzó a besarla en el cuello. Ella no entendía nada, pero le gustaban las caricias sorpresivas y además tenían un no se qué de intensidad que la excitaron lo suficiente como para responder con todas sus armas.
 Tuvieron una sesión de sexo de casi una hora, él desplegó toda su virilidad contenida y ella respondió como podía, no era mucho lo que podía dar, su limitación sensual siempre fue evidente. Al final cada uno volvió a sus lugares y a dormir. ´
  Él se sintió aliviado, estaba muy excitado cuando la buscó, tuvo que hacer un gran esfuerzo y contenerse para lograr un orgasmo que se hubiese producido mucho antes, debía disimular, no era un hombre precoz, era un hombre que cada vez que podía hablaba por teléfono con la mujer que amaba con locura hacía cuarenta años y de la cual lo separaban mil kilómetros, ese día habían hablado, una entrada inesperada en la oficina interrumpió el amor.
 Su mujer esa noche se durmió feliz y a mil kilómetros otra, lloraba amargamente. Él dado vuelta hacia su lado pensó largo rato antes de dormirse.

martes, 26 de julio de 2011

Regreso


Volver, siempre pensaba en volver, las vivencias habían sido muy fuertes y ella las había tenido presentes toda la vida. Soñó siempre con volver al lugar de su adolescencia, a ese pueblo chiquito perdido en el monte chaqueño. Siempre había querido hacerlo pero una razón u otra se lo impedía. Ya sabía que los antiguos sitios que hemos amado nunca son iguales cuando se vuelve, pero aún así, necesitaba imperiosamente volver.
 Así es que se despidió de todos, les avisó adónde iba y partió feliz junto con el grupo que expectante también cada uno por su viaje, subía en silencio la escalerilla del tren.
 Ni bien subió, se ubicó, buscó un buen lugar para poder ver todo, no quería perderse nada de la vista del camino. Pero el cansancio por su ansiedad, pensó, era tal que ni bien el tren partió se quedó dormida.
 De pronto despertó, no sabía dónde estaba, sólo sabía que el lugar donde había estado era calentito y suave y éste era fresco y con una luz fuerte que molestaba en los ojos y muchas voces y muchos ruidos metálicos, quiso preguntar dónde estaba, pero no le salió ninguna palabra. Le pareció extraño y comenzó a asustarse, quizás el tren había equivocado su camino, hasta que se miró y miró bien a quien estaba a su lado y todo a su alrededor... Allí lo comprendió todo y lloró con un poco de amargura y mucho de hambre, enseguida una mujer joven, linda y muy dulce le ponía su pequeña boquita en su pecho, de donde salía un líquido dulce y sabroso que succionó con ansiedad. Sintió que esa mujer la amaba y sintió una reciprocidad que le recordaba otra mucho antes.
 Mientras lo hacía se dormitaba, pero antes escuchó las voces de quienes hablaban, tenían un acento conocido y uno de ellos en algún momento habló del lugar, mencionó la palabra Chaco, todo estaba ya claro para ella, al fin... había vuelto... Se preguntaba solamente... si esta vez podría ser tan feliz viviendo allí que no tuviera que irse nunca más.

jueves, 21 de julio de 2011

Frío


La soledad me condena al frío, estoy muerta de frío, quiero estar acostada al lado del hombre que amo y que con su cuerpo me de calor, pero me refiero a ese calor que da el acercamiento o quizás el abrazo, pero sólo eso necesito ahora, ese calor que da el compañero de vida acostado al lado de la mujer que ama, en una noche o tarde fría como ésta.
 Solamente eso me hace falta hoy, a mi hombre dándome calor con abrazos y palabras tiernas y luego así... muy acurrucados dormirnos en paz.
 Pero esto... es mucho pedir para mí, es un auténtico imposible... porque él está a mil kilómetros de distancia y en estos momentos está durmiendo en paz con su mujer...

Los hechos



 A veces uno cree que los hechos se sucederán según nuestro deseo. No siempre es así, todos lo sabemos. Los hechos muchas veces toman su propio camino y no podemos evitarlo. Las consecuencias... tampoco y a veces perduran a lo largo de toda una vida.
  Ella había preparado todo para verlo, se amaban y hacía dos años que no se veían, la distancia que los separaba era inmensa. Había comprado ropa especial y toda su femeneidad veintiañera y su belleza estaban listas para dedicárselas a su amor, quien sería al mismo tiempo el primer hombre en su vida de mujer.
 Faltaban sólo quince días y su ansiedad era demasiada, no veía las horas de entregarse por primera vez a su hombre, el hombre para el que había reservado lo que consideraba el regalo más bello e intenso a la vez,  el hombre de su vida, el amor de la secundaria, su primer amor.
 Pensó en llegar de sorpresa a su pensión estudiantil y quizás allí mismo entregarse a él. Tenían sólo dos días que ella había obtenido del trabajo y unas faltas a la facu. No aguantó y dejó de lado la sorpresa. Lo llamó. Esperó una reacción feliz, sólo recibió lo que ella con el paso del tiempo consideró una excusa y por la cual se separaron para siempre, él le decía que no estaría, se casaban sus amigos Mariano Ortiz y  Graciela Di Maio, ella los conocía fueron compañeros de la secundaria como él y ella, y los cuatro en una misma fiesta comenzaron sus respectivos noviazgos. Él le explicaba que sería el padrino de la boda, esto sería en otra provincia y no había posibilidades ya de cambiar nada. Le ofrecía prepararlo todo para otro momento.
 Su angustia no pudo con ella y lloró amargamente con el tubo de teléfono aún en la mano, le dijo adios, aunque sabía, lo sentía muy adentro, nunca dejaría de amarlo.
 Pasó un año, ella entraba a la iglesia del brazo de su padre, en el altar la esperaba el hombre que la contuvo en su dolor cuando sucedió aquello y que varios años en el futuro, la dejaría después de la muerte de la hija de ambos.
 Simultáneamente, a mil kilómetros de distancia, un abogado presentaba una demanda de divorcio, la firmaban Mariano Ortiz y Graciela Di Maio.

Melan

sábado, 16 de julio de 2011

Nunca es igual


 El miedo apretaba su pecho, no sabía cómo sería, había visto a su hija, uno de sus seres más amados, pero ahora se daba cuenta que no era lo mismo, no, nada era igual.
 Sospechó que podía ser su imaginación, su conocida fantasía, pero no, la había sentido, la había visto, apoyando su mano en su hombro.
 No quiso pensarlo más y se sentó frente a su computadora, trató de olvidarla, no valía la pena, no había por qué preocuparse.
 Pasó media hora desde que comenzó a escribir su cuento, estaba entusiasmada, le gustaba hacerlo, cada día lo disfrutaba más, pero algo nuevo se repitió una y otra vez hasta llegar a un punto que no pudo controlar.
 Sonó el ruido de la llave en la reja, se estremeció, luego el mismo sonido en la puerta, pensó que podía ser su hija, pero a esta altura ya no estaba segura de nada, la puerta de su cuarto se abrió.
 Su hija gritó cuando la encontró en el suelo lívida y fría como un mármol, mirándola con los ojos sin brillo, ella trató de calmarla y no pudo, la mujer ya se la llevaba de la mano.

martes, 12 de julio de 2011

Los actuales




El amanacer traía los los aromas y los sonidos cotidianos, ambos dormitaban, apenas terminaban de hacer el amor y sus cuerpos plenos y cansados caían con un peso inusual sobre el amplio sommier. Ella se acomodaba un poco sobre su pecho y él le acariciaba dulcemente los cabellos, el clima era perfecto, se amaban y sus vidas transcurrían tal cual lo habían planeado.
 No hablaban, cada uno cavilaba sus propios pensamientos, hasta que una melodía comenzó a sonar, su sonido era como paradisíaco al principio, arpas y violines arrullaban el aire suavemente, pero a medida que transcurrían los minutos la canción iba subiendo sus tonos hasta transformarse en una grandiosa interpretación de orquesta sinfónica, todos los instrumentos juntos y en sus tonos más vivos... era hora de levantarse... la música era el despertador que llamaba a la cotidianeidad.
 Ella se desprendió de su abrazo y saltó de la cama, se puso su bata y caminó lentamente al baño en medio de un bostezo largo y somnoliento.
 Cuando ella salio del baño se levantó él y ella comenzó su rápido andar del día. Se cambió rápidamente y dejó la cafetera eléctrica y la tostadora funcionando para que cada uno se tomara su desayuno cuando estuviera listo. No podían hacerlo juntos. Ahora venía lo peor, despertar a Máximo, cambiarlo, darle el pecho, abrigarlo bien y mientras ella tomaba parada una taza de café, él, que también ya se había puesto su traje bajaba rápidamente a la cochera a poner el auto en marcha. En ésta época del año tenía que contar con ese tiempo extra, cinco minutos y su esposa bajaría con Maxi. Así lo hicieron y partieron raudos a la casa de la mamá de ella, que ya los esperaba en la vereda, quien luego de saludarlos rápidamente y recibir las últimas instrucciones de su hija para con el bebé, se lo llevaba adentro del edificio, el frío parecía que se convertiría en lluvia, era crudo ese invierno.
 El matrimonio partió nuevamente con rapidez, ya estaban retrasados, ni bien hicieron unas cuadras entraron en una de las avenidas principales, no pudieron continuar un grupo de gente cortaba la calle, no entendieron el motivo del corte, cruzaron como pudieron, siguieron por la calle en que venían, ya en las veredas empezaba a verse gente que se desplazaba nerviosa de un lado a otro, llegaron a la segunda avenida, nuevamente un corte, esta vez la gente corría gritando y llorando, igual no entendía, él decidió conectar la radio para enterarse de algo más, lo hizo y ya en la primera emisora lo escuchó, se le congeló la sangre, por lo menos es lo que sintió, cambió rápidamente de emisora para cerciorarse de que lo que estaba escuchando era verdad, porque sabían que alguna vez ocurriría pero no tan pronto! ni aquí!
 Las noticias hablaban de que en varias ciudades del mundo estaba ocurriendo, distintos tsunamis se abatìan sobre Nueva York, Miami, La Habana,  Rìo de Janeiro, San Pablo, Buenos Aires, Mar del Plata todas las ciudades que daban al Atlántico y en todas no había ya nada que hacer. . Todo era desorden, terror  y caos. La radio local aconsejaba a gritos retroceder a sus casas y agregaba que sólo existía la posibilidad de salvarse en los pisos superiores de los edificios.
  Se tomaron de la mano cuando en el breve espacio que recorrieron con el auto con intenciones de volver a buscar a su niño, se detuvieron nuevamente por el gentío que gritaba y lloraba, ella miró a su derecha por la ventanilla,  y la vió ... la titánica ola que se se acercaba a la orilla del mar era de un tamaño increíble, pudo apenas calcular su altura, superaba los cien metros por lo menos. Decidieron abandonar el auto.
 A duras penas y corriendo ya fuera del auto lograron llegar de regreso a la casa de la abuela, en el décimo piso del edificio  la anciana lloraba mirando el televisor apretada a su nietito, cuando ellos llegaron se abrazaron los cuatro y decidieron rezar.
 La humanidad vivía y observaba su propia devastación, era su obra.


Melan

lunes, 11 de julio de 2011

Los últimos






Siempre era así, cuando ella miraba por la escotilla sólo veía estrellas y la oscuridad de fondo, a veces alguna ráfaga de luz, un cometa cruzaba muy allá a lo lejos en el espacio, cuando preguntaba siempre le respondían con coordenadas y medidas gigantescas que no comprendía, ella sólo entendía que había pasado muy lejos, a años luz decían ellos y eso sí lo comprendía, no valía la pena preocuparse.
 Él, sentado en su sillón de mando dirigía la nave por el infinito, su copiloto dormía en ese tramo, hacía ya bastante tiempo que llevaban viajando, habían puesto proa a Marte, era el más potable de los planetas conocidos para poder pensar y decidirse a dejar la Tierra.
 Ya no había más nada que hacer allá, todo estaba destruído y devastado y ellos, eran jóvenes aún y quisieron procrear, hicieron todos los trámites correspondientes y engorrosos y tuvieron que tener ya la documentación del viaje también lista para presentarla y solicitar el permiso a fin de poder realizar la fertilización in vitro. En esos tiempos ya estaba asegurada la formación de una sola mórula. Esperaron lo necesario y ni bien la niña,  terminó su gestación en la última cámara, se le otorgaron todos los alimentos y medicinas necesarios para los tres para cinco años y partieron.
 En realidad era un viaje de rutina, ella no había hecho otros que a la Luna alguna vez de vacaciones, pero Marte, ya era distinto, ya estaba muy habitado y tenía vida propia, era más lo que la Tierra dependía de Marte que viceversa, por lo tanto, cuando decidieron emprender juntos el viaje lo pensaron pero no demasiado, ya no había futuro en la Tierra y la niña cumpliría cinco años al llegar al planeta rojo, tenía más de ciento cincuenta años por delante y había que prepararse y asentarse en un lugar seguro para criarla hasta que se independizara.
 Volvió a mirar por la escotilla, siempre las estrellas, aunque algo sí notaba, que no eran siempre las mismas. Su marido decidió dejar el piloto automático y tomarse un te caliente, la llamó y lo tomaron juntos, miraron la cuna de metal forrada en tela sintética y con frazada térmica en la que su hija dormía plácidamente, pensaron en el nombre que le pondrían cuando llegaran a Marte, lo tenían pensado hacía mucho, ambos sabían que la inscripción de nacimiento llevaría el sello marciano, su hija sería uno de los tantos primeros habitantes marcianos, por eso eligió un nombre especial, un nombre que le recordara sus orígenes, el viejo hogar, su hija se llamaria Gaia.

Melan.

Los primeros

Cuando aquel invierno todo fue gris, ella no pudo más que encerrarse en su cueva en la montaña, su pequeño crío  berreaba continuamente, ella trataba de calmarlo con aquellas pequeñas gotas blancas que salían de su pecho, pero ya casi no salía nada, hacía varios días que no comía y se sentía cansada y algo muy fuerte le dolía en ese lugar debajo de donde salía el líquido para que tomara el crío.
 Él había salido a buscar algo para comer pero las bestias eran escasas, el frío se lo llevaba todo, y la bruma gris hacía que ni los bichos para comer resistieran.
 Ambos temían a que la tierra echara fuego por ese hueco que tenía de donde ahora venía esa cosa que llenaba el aire.
 Ella se recostó sobre la piedra fría, la piel que la cubría ya estaba gastada pero había dejado la más nueva para el recién llegado, ella sabía que sentiría eso tan feo que se siente cuando se oye ese ruido entre los árboles.
 Él volvió con algunos de los bichos que andan por el aire, fue lo único que pudo conseguir,  gracias a algunas piedras, sabía que no alcanzaría para tanta hambruna, pero era algo.  Enseguida se lo llevaron a la boca y vorazmente lo terminaron, el crío se durmió chupando el líquido blanco del cuerpo de ella y los tres se abrazaron fuerte y se apretujaron uno al otro mientras la tierra rugía y algo muy rojo y muy grande salía del fondo de la tierra, no estaban tan cerca pero tampoco tan lejos como para creer que no les llegaría el líquido rojo y caliente, su esperanza era el líquido que los separaba, rogaban a alguien que eso rojo se detuviera allí.
 Se abrazaron más fuerte que nunca y esperaron. En sus mentes había muchas preguntas y ninguna respuesta, sólo miedo y desconsuelo. Miraron al cielo con la esperanza que lo que caía a veces y ellos juntaban para tomar sirviera para tapar eso rojo que salía del hueco de la tierra, se cubrieron con todo lo que él había sacado de las bestias y les servía para taparse, confiaron en el líquido que los separaba y se quedaron muy juntos y en silencio, mientras la tierra bramaba.

Melan.

domingo, 10 de julio de 2011

Historias asimétricas


Historias asimétricas, como las de Daniela y Juan, en las que ambos eran triángulos escalenos de distintas medidas y aunque los unía una denominación común nunca pudieron unirse justamente en cada arista uno al otro.
 De cualquier modo los dos triángulos trataron de permanecer sino unidos por lo menos cerca uno del otro, en el sentido amplio de la palabra por supuesto y entonces algunas veces se suporponían  para que por lo menos un ángulo se uniera bien cerquita del otro y pudieran de este modo, hacer el amor.
 Así sobrevivieron y lo siguien haciendo, porque a pesar de tener distintas dimensiones... ambos son dos triángulos del mismo tipo...escaleno.

Melan.