domingo, 6 de noviembre de 2011
Soledad
Hacía un tiempo ya que vivía encerrada, desde que se enteró lo de su marido y luego se enfermó y quedó internada varios días. Dos hechos que marcaron sus últimos años.
Cuando volvió de la última internación, porque fueron dos, una en el 2003 y la otra en el 2008, trabajó solamente hasta fin de año y ya comenzado el año nuevo abandonó.
De a poco fue abandonando todo lo que hasta ese momento hacía, las tareas de la casa, las compras hogareñas y hasta las propias compras, ropa, zapatos, dejó de maquillarse y de arreglarse.
Logró que le trajeran el pedido de almacén a su casa, se hizo clienta de una casa de comida hecha y mientras su hija estudiaba y trabajaba, ella se quedaba cada vez más sola y más encerrada.
Abandonó a todas sus amistades, hizo todo lo posible porque nadie entrara, salvo una chica que tomó para que le hiciera la limpieza, y también se desligó de toda salida fuera de su casa, salvo alguna urgencia al médico. El control de su corazón que debía hacerse cada seis meses se lo hizo tres años después, como daba que estaba igual no volvió más.
Se encerró en su casa con la clara intención de que no la viera nadie ni ella ver a nadie tampoco. Le molestaban las conversaciones y los ruidos, tanto que también abandonó el supuesto entretenimiento de mirar televisión y de escuchar radio, a veces, muy de vez en cuando, solía escuchar algo en su computadora que fue lo único que continuó presente en su vida, la computadora y la cama. Porque sus días los pasaba encerrada en su habitación adonde tenía a ambas y sólo iba a la cocina a picar algo y a buscar su Coca Cola que era otra de las cosas que no había abandonado.
Le gustaba estar sola, o mejor dicho, lo prefería, hubiese querido estar acompañada pero de quien quería estarlo no podía, así es que había decidido esta soledad absoluta y ermitaña para su vida, para el resto de su vida y así la vivía.
Su hija viajaba mucho, todos los fines de semana estaba fuera y en la semana en su trabajo o facultad así es que su soledad era más completa aún.
Un domingo en que su hija estaba de viaje, en la mañana, por lo menos ella así creía que era porque se había acostado en la noche, se levantó y notó algo raro, estaba todo muy oscuro, pensó que se había despertado de madrugada, miró su reloj y marcaba las diez de la mañana, no entendía por qué no veía entrar el sol por las rendijas de las ventanas. Se decidió a abrirla como hacía todos los días, total siempre sabía que no la veían desde afuera porque tenía unas cortinas que no lo permitían, eso sí ni bien se iba la luz era todo lo contrario, se veía todo por lo tanto su apuro era mayor para cerrar bien y permanecer escondida de todos. Abrió entonces la persiana de su habitación y al mirar hacia afuera no vio nada más que estrellas, corrió a la ventana de la cocina desde donde se veía la medianera del vecino y grande fue su sorpresa al ver que ya no había medianera, nuevamente sólo se veían estrellas, abrió entonces la ventana del living, lo mismo! Su última esperanza era el jardín de invierno, los perros dormían plácidamente en sus sillones, pero ante ella, del otro lado de los vidrios de las ventanas no se veía su quincho y su parrilla ni su jardín, sólo se veían estrellas, allí se dio cuenta que tampoco había piso ni calles, ni casas, ni barrio, ni país, ni tierra, ni nada! Su casa literalmente volaba por el espacio infinito!!
Cuando su hija volvió, tomó sus llaves, abrió la puerta de la reja, luego la del living, y se dirigió directo a la heladera, estaba sedienta de coca cola, le pareció raro que no había ni una y también que su madre no apareciera, grito con alegría ¡Mami ya llegué!, salió por el comedor hacia el cuarto de su madre abrió la puerta imaginándosela eternamente sentada frente a su computadora, su sorpresa fue muy grande cuando vio que su madre no estaba en el cuarto ni tampoco su computadora... ni su cama.
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