miércoles, 16 de noviembre de 2011

La dueña de la casa


La angustia se apoderaba de ella cada vez más, no podía ni siquiera pensar, lo que estaba viviendo le parecía inaudito, injusto, imposible de que sucediera, pero lo era, ya no era dueña de su propia casa, porque ni podía traer a su madre un día que debía acompañarla al médico.
 La casa había sido invadida por un ser extraño que no entendía razones de ninguna especie, se negaba terminantemente a que alguien entrara a la casa como si fuera la dueña total y absoluta de la misma.
 ¿Cuándo había comenzado esto? se preguntaba ella, ¿En qué momento le quitó la capacidad de decisión sobre lo único material que había logrado poseer? Su casa era su refugio y si bien ella nunca traía a nadie porque tenía una enfermedad que se lo impedía, también era cierto que no podía rechazar literalmente la presencia de su madre ya que esto era superior a cualquier normalidad.
 No entendía tampoco por qué siempre terminaba haciendo lo que su hija ordenaba, no lo entendía.

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