miércoles, 16 de noviembre de 2011

Pensativa



Se llamaba Rita Aguirre y hacía muchos años que conoció su existencia y fue a expensas de la propia Rita que un día cualquiera de los años noventa la llamó a su trabajo para supuestamente saber quién era ella, porque sabía que se escribían cartas con su novio, Juan Fuentes, quien vivía en Corrientes como ella.
 Nora, la destinataria de esa llamada, se sorprendió al conocer la noticia pero hizo todo lo posible de que esto no se notara, aguantó las lágrimas y se dijo para sus adentros que ya hablaría ella con Juan y le diría unas cuantas cosas. El tema es que parece que Rita y Juan hacía ya nueve años que estaban de novios, a punto de casarse porque ella llevaba un embarazo de casi cinco meses. Todo eso lo tuvo que digerir Nora, en la soledad nocturna ya de su oficina habiéndolo ignorado todo durante años que llevaba comunicándose con Juan como cuando fueron novios, ella a pesar de su matrimonio, continuaba esta relación que fue para Nora el gran amor de su vida y que produjo su posterior separación tanto de su marido como de Juan. Por supuesto Juan continuó con su noviazgo e inminente matrimonio  y Nora pasó el resto de su vida en absoluta soledad.
 Pasaron los años, Juan continuó con su vida familiar con total normalidad,  a Nora le pasaron infinidad de cosas, todas dolorosas, lo peor fue la muerte de su hijito de leucemia, y otro de los dolores del que  nunca pudo reponerse fue de ese abandono espontáneo que hizo Juan de ella, ni bien su novia se enteró de su relación con ella. Literalmente no le escribió ni la llamó nunca más. Todas las palabras, todas las promesas, todo, absolutamente todo había sido una total mentira..
 Un día cruzando una calle de Buenos Aires, Nora presencia un accidente de importancia, en él una mujer se encontraba involucrada y además muy herida, fue trasladada inmediatamente a un hospital. La mujer había cruzado por la mitad de cuadra y con el semáforo en rojo y estaba realmente grave.
 Nora siguió su camino muy consternada hasta que inesperadamente apareció un policía que le preguntó si ella había visto algo, ella le dijo que algo, pero que en el tumulto no demasiado, el oficial le tomó los datos y le dijo que podrían llamarla a declarar.
 Le molestó un poco porque si bien se condolía con la pobre mujer desmayada en la calle, tampoco quería sentirse parte del hecho, que la llamen y en una palabra que la molesten en su vida cotidiana. No era mucho lo que ella podría hacer porque no vio demasiado, pensó,
 Continuó con su vida habitual y a los dos meses del accidente le llegó una citación de la comisaría de la zona. Tuvo que ir a declarar lo que vio, pero antes de hacerlo, leyó la carátula del expediente y allí sobrevino la sorpresa, la mujer se llamaba Rita Aguirre de Fuentes y era natural de la provincia de Corrientes, pidió leer más datos y se enteró de que había venido con su hija Juliana a hacerse ambas chequeos médicos, el día que volvía del propio en el que le anunciaban que tenía un mal incurable fue cuando cruzó mal y la atropellaron.
 El oficial le permitió leer el expediente completo y le dijo que su declaración era fundamental para el monto que pudiera cobrar en el seguro y para el posible juicio de daños y perjuicios que la señora quisiera iniciar porque dependería en mucho de cómo se produjeron los hechos y que habían podido recabar tan sólo su testimonio.
 Nora cerró el expediente y le empezó a contar los hechos al oficial. La señora había cruzado por la senda peatonal con el semáforo a su favor y el auto no se detuvo y la embistió.
 Al tiempo se enteraba por los diarios que la señora del accidente de la calle Vieytes había ganado no sólo el juicio penal sino también el de daños, en el cual cobraría una millonaria suma ya que las pruebas habían sido a su favor. Todos los diarios comentaron que con ese dinero podría viajar a Estados Unidos y hacerse el trasplante que necesitaba para mejorar de su mal, leucemia, razón por la cual se estaban activando rápidamente todos los trámites judiciales. Nora cerró el diario y se quedó pensativa.

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