viernes, 2 de diciembre de 2011

El acuerdo


La ciudad atestaba de gente, gente que iba y venía, que corría, o que caminaba rápidamente, los automóviles moviéndose incansablemente y disputándose lugares con los taxis y los colectivos, era una típica mañana en el centro de la ciudad capital.
 Ella caminaba presurosa portafolio en mano y cartera colgando de su hombro, se aprestaba a cruzar las líneas blancas de la gran avenida. Venía de una audiencia muy difícil, muy litigante, las partes no se ponían de acuerdo y encima le tocó un letrado contrario de los controversiales, se le hizo difícil el acuerdo, pero lo logró. Era lo que siempre manejaba mejor en los juicios, los acuerdos, aunque verdaderamente en cada uno de ellos dejaba no sólo todos sus conocimientos y experiencia sino su cuerpo y su alma.
  Amaba su profesión pero prefería dedicarle más tiempo a otro aspecto de la misma, el de la investigación previa a la demanda. Ese tiempo en que leía sin horarios fallos jurisprudenciales y toda doctrina importante que cayera en sus manos, la reunión de las pruebas, en fin todo lo que significara poder reunir todo el material necesario para luego poder presentar una demanda excelente en la que no hubiera resquicios por donde dejar pasar a la contraria y entonces al verse acorralados, tener que acordar.
 Todo esto pensaba mientras cruzaba presurosa la avenida frente a los Tribunales, sin prestar demasiada atención a su actitud al cruzar, lo hizo con el semáforo en rojo. Apenas hizo un metro aproximadamente y sintió cómo su cuerpo era golpeado fuertemente y despedido a varios metros del lugar cayendo en la calle sin sentido.
 Mientras volaba por el aire antes de caer vio cómo entraba en un largo pasillo azul, su cuerpo se deslizaba por él con la misma lentitud de una cámara que puede hacerlo una cámara cinematográfica, no sólo sintió una gran sensación de paz sino que simultáneamente que recorría el largo pasillo veía que se acercaba a un amplio lugar de donde emanaba una luz blanca como jamás había visto, la cual al llegar la había cubierto de un sentimiento intensísimo de amor y de paz, había llegado a un lugar del cual nadie quisiera irse jamás y por un segundo ella tampoco quiso.
 A los pocos instantes comenzaron a aparecer personas conocidas anteriormente que habían fallecido pero no se le acercaban permanecían paradas con rostros de una inmensa paz y felicidad pero ninguno, y muchos eran muy queridos para ella, se le acercó. 
 De pronto y sin poder ver de dónde, apareció frente a ella un ser que emanaba una amorosa luz que lo envolvía todo y que la tomó de la mano y la llevó a un lugar rodeado de flores donde comenzó a hacerle algunas preguntas, en la que más insistió fue en cuánto había amado, pero no solamente a sus seres queridos y cercanos, sino también a los desconocidos y hasta a sus enemigos. No pudo contestarle que lo había hecho, había amado mucho a sus padres, a su hermano, a sus hijas y a su trabajo, pero no creía tener muchas más personas que agregar, en realidad había hecho una vida cerrada dentro de su núcleo familiar y todo su esfuerzo y su amor se lo había dado a ellos y a su trabajo, argumentando esta actitud con infinidad de inoperantes excusas.
 El ser de luz, le preguntó por sus hijas, ella le dijo que la mayor, había partido hacía unos años, a lo que el ser le contestó que lo sabía y que pronto la vería, y en cuanto a la menor, vivían juntas y era todo lo que tenía en la vida, esto era recíproco y si bien siempre había deseado reencontrarse con su hija mayor, no esperaba abandonar ahora a la menor, su sufrimiento sería atroz y temía por su reacción y por lo que pasara con su fe, algo que hasta ahora había sido muy fuerte.
 El ser de luz, luego de escucharla atentamente, la tomó de la mano y le dijo que solamente podría volver con su hija menor si le prometía que desde que volviera a vivir su vida normalmente comenzaría a amar más, amar en el auténtico sentido de la palabra, amar sin esperar recibir nada a cambio, "amar a los que más lo necesitan,  amar al prójimo como a sí misma". Estas últimas palabras le confirmaron el exacto lugar en el que se encontraba y quién era ese ser de luz, el mismo a quien siempre había tratado de seguir en su fe, era Jesús, y le estaba proponiendo un acuerdo, pensó apenas un instante en lo que esto significaba y lo abrazó llorando mientras le decía que sí y que nunca dejaría de agradecerle, solamente le pedía que le permitiera ver y abrazar unos instantes a su hija primera, quien hacía ya unos años estaba en ese lugar, con Él. 
 Jesús le pidió la esperara y en instantes regresó de la mano de su hija tan amada y tan necesitada su presencia en su vida desde hacía diecisiete años. Bastó que ambas se miraran para que se fundieran en un abrazo que la llenó de una vida nueva y de un amor que no imaginaba nunca que pudiera ser capaz de sentir. 
El abrazo con su hija le fue permitido que fuera muy largo, de mucho tiempo, al par que ambas se besaban en las mejillas y se decían mutuamente que se amaban como antes, su hija le decía que se fuera tranquila que ella estaba perfectamente bien, que era muy feliz allí y que siempre estaba cerca suyo y de su hermanita y que las seguiría esperando hasta que el Padre lo decidiera. Se dieron el último apretón y Jesús le indicó el camino por el cual salir, al alejarse vio a su hija tomada de Su mano y se fue tranquila y feliz. 
 Fue en ese mismo instante cuando abría los ojos y una luz blanca metálica que le dañaba la vista la sorprendió, vio a su hija menor llorando y riéndose al mismo tiempo a su lado y al instante llamar a un médico, Enseguida vinieron varios de ellos y pudo ver la enorme sonrisa de su hija pidiendo por besarla, lo cual ella también hizo. Estaba otra vez en casa, recordó todo lo vivido y se dijo a sí misma que debería empezar inmediatamente a cumplir su parte del acuerdo, la Otra Parte, ya había cumplido la suya... 
 Mientras abrazaba a su hija menor pensó que seguiría trabajando en acuerdos en la profesión, sin duda era buena con ellos, había logrado el mejor de toda su vida.


lunes, 28 de noviembre de 2011

Viaje sin final


La ruta se extendía recta hasta el horizonte, ella rodaba su auto de mediano porte con la velocidad establecida, no acostumbraba a salirse de las reglas y menos en las que algún peligro podía correr. Era resuelta y libre pero muy responsable consigo misma y con su entorno.
 Mientras manejaba su mente al par que atendía las señales del camino, pensaba en su amor, Juan Pablo Fleitas, el hombre al que iba a ver y con el cual habían planeado aquel encuentro por meses. Él siempre le hablaba de cuánto la extrañaba y de  lo solo que se sentía sin ella, que no veía la hora de que se reencontraran después de aquel obligado viaje de trabajo.
 Ella había preparado todo como lo habían previsto ambos, hora de llegada, días de estadía y todo lo que a ella personalmente le comprendía, su vestuario y toda su necesidad de entregar y recibir su amor que hacía tanto tiempo postergaban.
 Conectó la radio para escuchar alguna melodía, pero buscó y no encontró nada que le agradara, sin embargo se quedó en una noticia que decía ser urgente y que se trataba de un accidente en un edificio de la ciudad adonde ella se dirigía. Se quedó escuchando lo que transmitían, había habido una explosión de un termotanque en un departamento,  se había encontrado a una pareja fallecida sin ropas en la cama matrimonial, sin dudas decían los peritos habían muerto por asfixia porque el incendio se apagó sin que llegaran a calcinarse los cuerpos.
 Su atención se elevó y sus oídos no escuchaban nada más que aquel relato. De pronto su corazón dejó de latir, o por lo menos así lo sintió, clavó los frenos con toda su fuerza y se detuvo en medio de la ruta sin pensar en el riesgo de tamaña actitud, es que el locutor estaba dando el domicilio del siniestro y los nombres de la pareja fallecida, el hombre se llamaba Juan Pablo Fleitas.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La llave



Por lo menos encontré la llave, espero sea la correspondiente, porque sino tendré que seguir buscando y quién sabe cuánto tiempo más me lleva esto.
 Dejo aclarado que trataré de abrir la puerta, pero si es la llave correcta, sólo podrán pasar los buenos, los justos, las buenas personas, las solidarias, las sensibles al dolor ajeno, en definitiva los que saben amar y se dejan ser amados, el resto que se busque su propia puerta, ellos tienen otro lugar.
 Ah! Me olvidaba, encontré la llave de la felicidad...



jueves, 17 de noviembre de 2011

El tren fantasma


Esa noche Juan Ferreyra volvía tarde de su obra en Miraflores, en el interior de su provincia, había sido un día de mucho trabajo. A pesar de todo, todavía no tenía sueño aunque se encontraba bastante cansado.
 Tomó el camino acostumbrado, lo hacía tres veces por semana hacía ya cuatro meses, lo conocía perfectamente, sabía que a pocos kilómetros de la última curva cruzaba una vía muerta, que por serlo, ni barreras tenía, ya que hacía más de cincuenta años que no circulaba el antiguo ramal General Belgrano que venía de Buenos Aires, por lo tanto no aminoró la marcha y siguió el viaje.
 Pero de pronto, a unos cien metros del lugar escuchó el ruido de un tren en marcha, el ulular de su reconocida bocina como asimismo la luz que emitía el enorme faro del frente de la máquina.
 Por supuesto frenó con rapidez y llegó a tiempo a detener su auto bien frente al convoy que se desplazaba lentamente y a oscuras. Era un tren de pasajeros y mientras lo observaba notó que solamente iba iluminado un vagón donde viajaba una jovencita, le pareció reconocerla, pero el paso del tren al continuar no le permitió a su memoria encontrar el recuerdo y se quedó intrigado.
 El tren era no demasiado antiguo, pero tenía muchos vagones, en todos los demás no viajaba nadie. Le pareció muy extraño todo, pero más aún que no pasando nunca lo hiciera esa noche y con una sola pasajera.
 Cuando el tren terminó de cruzar el paso a nivel, se cercioró bien de que no hubiera otro por venir y cruzó las vías.
 Llegó pronto a su casa, el paso a nivel no quedaba muy lejos. Le contó a su esposa cuando llegó, la situación extraña que había vivido y ella le dijo que quizás lo habían hecho circular nuevamente y ellos no se enteraron. Eso le parecía a Juan una explicación poco viable, ya que la ausencia del tren hacía tantos años era un hecho no olvidado por la población que siempre pedía que volviera, pero los sucesivos gobiernos no lo traían por considerarlo poco rentable. No, si hubiese estado por implantarse el servicio nuevamente él ya se hubiera enterado, al fin de cuentas a pesar de tanto trabajo era un hombre informado.
 Como aún no estaba la cena, se sentó frente al televisor y con toda la intención de encontrar la noticia, la buscó en todos los canales, pero nadie decía nada, todo era política, policiales y espectáculos. Es más se transmitía la nota sobre un accidente entre dos micros en la ruta y tanto la gente que comentaba haber visto el hecho, como el propio periodista reclamaban a las autoridades la reinstalación del servicio de trenes, esto aliviaría el tránsito de micros de larga distancia en las rutas y disminuirían los accidentes decían.
 Esta noticia lo dejó más perplejo aún, era casi la confirmación de que el tren seguía siendo un servicio sin funcionar. Al día siguiente, comentó el hecho entre los otros ejecutivos de la empresa y todos se rieron de él, tomándole el pelo con una supuesta ingesta de bebida alcohólica antes de viajar, nadie lo tomó en serio.
 Su duda se acentuaba más aún cuando pensaba en la jovencita que viajaba en el único vagón iluminado, hacía todo lo posible de recordar quién era pero no podía, aunque estaba seguro de conocerla.
 Trató de olvidarse de lo ocurrido porque estaba visto que era algo muy extraño y se dijo asimismo si no se habría dormido un trecho manejando y soñó, pero esto también era imposible porque recordaba bien que no tenía sueño todavía y que al contrario manejaba tranquilo y satisfecho con su trabajo, le llevaba mucho tiempo pero lo hacía feliz, todo lo feliz que no era en su matrimonio y por lo cual tenía a su Nora, su amante telefónica que lo devolvía a la vida cada vez que se comunicaban.
 Era una relación especial, había comenzado en la adolescencia en su pueblo adonde ella había ido a parar por el trabajo de su padre cuando eran ambos adolescentes, luego ella tuvo que volver a vivir en Buenos Aires y se siguieron escribiendo, aunque no pudieron concretar su amor en matrimonio ni mucho menos. En cuarenta años, se habían visto cinco veces en diferentes etapas de sus vidas pero lo que lo hacía especial era que nunca habían cortado del todo la comunicación entre ellos, ambos sabían que se amaban, ambos se habían casado con otras personas pero así también ambos quisieron conservar su amor en el tiempo y pudieron. Primero con cartas, luego teléfono, mails, mensajes de texto, chateo, fotos y algunos pocos viajes conformaron una relación paralela a su matrimonio para Juan que no amó nunca a su mujer, y una relación actualmente única para Nora que ya hacía quince años que estaba separada y que por lo tanto vivía mucho más aferrada emocionalmente a Juan dada su larga soledad.
 Nora sufría la distancia, el tiempo pasado sin estar juntos, el presente tan esporádico, solamente con llamadas y le reclamaba mucho a Juan su inercia de dejar siempre las cosas de la misma manera y no preocuparse por estar más juntos ya que estaban en una edad en la que pocos sueños podían ya cumplirse.
 Pensando todo esto, Juan volvía de su trabajo y se decidió a llamarla, para contarle el hecho como una anécdota y para sacarse de encima las preocupaciones del día escuchando su dulce voz, esa voz que siempre lo sedujo tanto.  Lo hizo al celular como siempre porque sabía que nadie sino ella le contestaría, si bien su hija conocía la relación él sabía que no le tenía mucha simpatía por esto de estar casado y prefería no importunarla por el teléfono fijo.
 Llamó al celular, el teléfono sonó varias veces y lo pasó al contestador. Lo intentó de nuevo, pensó en la tormenta que se avecinaba y que podía estar interrumpiendo las ondas telefónicas, esta vez atendió, cuando escuchó la voz del "hola" inmediatamente se dio cuenta que no era Nora, no quiso ser descortés y preguntó por ella, la hija de Nora le contestó que era Natalia su hija, que sabía bien quén era él. Su tono de voz no sonaba ni cordial ni alegre, notó que al par de hablarle agresivamente lo hacía con dolor, parecía estar llorando, se quedó callado esperando que terminara la frase, y esta fue lo más terrible que podía haber imaginado, mejor dicho nunca lo imaginó, su hija le decía :"Señor Ferreyra, mi mamá se suicidó ayer por la tarde, la estamos velando". Su grito fue estridente y cortó porque en aquel preciso instante recordó de quién era el rostro de la jovencita del tren... era el de  Nora cuando él la conoció, la Nora adolescente.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La dueña de la casa


La angustia se apoderaba de ella cada vez más, no podía ni siquiera pensar, lo que estaba viviendo le parecía inaudito, injusto, imposible de que sucediera, pero lo era, ya no era dueña de su propia casa, porque ni podía traer a su madre un día que debía acompañarla al médico.
 La casa había sido invadida por un ser extraño que no entendía razones de ninguna especie, se negaba terminantemente a que alguien entrara a la casa como si fuera la dueña total y absoluta de la misma.
 ¿Cuándo había comenzado esto? se preguntaba ella, ¿En qué momento le quitó la capacidad de decisión sobre lo único material que había logrado poseer? Su casa era su refugio y si bien ella nunca traía a nadie porque tenía una enfermedad que se lo impedía, también era cierto que no podía rechazar literalmente la presencia de su madre ya que esto era superior a cualquier normalidad.
 No entendía tampoco por qué siempre terminaba haciendo lo que su hija ordenaba, no lo entendía.

Pensativa



Se llamaba Rita Aguirre y hacía muchos años que conoció su existencia y fue a expensas de la propia Rita que un día cualquiera de los años noventa la llamó a su trabajo para supuestamente saber quién era ella, porque sabía que se escribían cartas con su novio, Juan Fuentes, quien vivía en Corrientes como ella.
 Nora, la destinataria de esa llamada, se sorprendió al conocer la noticia pero hizo todo lo posible de que esto no se notara, aguantó las lágrimas y se dijo para sus adentros que ya hablaría ella con Juan y le diría unas cuantas cosas. El tema es que parece que Rita y Juan hacía ya nueve años que estaban de novios, a punto de casarse porque ella llevaba un embarazo de casi cinco meses. Todo eso lo tuvo que digerir Nora, en la soledad nocturna ya de su oficina habiéndolo ignorado todo durante años que llevaba comunicándose con Juan como cuando fueron novios, ella a pesar de su matrimonio, continuaba esta relación que fue para Nora el gran amor de su vida y que produjo su posterior separación tanto de su marido como de Juan. Por supuesto Juan continuó con su noviazgo e inminente matrimonio  y Nora pasó el resto de su vida en absoluta soledad.
 Pasaron los años, Juan continuó con su vida familiar con total normalidad,  a Nora le pasaron infinidad de cosas, todas dolorosas, lo peor fue la muerte de su hijito de leucemia, y otro de los dolores del que  nunca pudo reponerse fue de ese abandono espontáneo que hizo Juan de ella, ni bien su novia se enteró de su relación con ella. Literalmente no le escribió ni la llamó nunca más. Todas las palabras, todas las promesas, todo, absolutamente todo había sido una total mentira..
 Un día cruzando una calle de Buenos Aires, Nora presencia un accidente de importancia, en él una mujer se encontraba involucrada y además muy herida, fue trasladada inmediatamente a un hospital. La mujer había cruzado por la mitad de cuadra y con el semáforo en rojo y estaba realmente grave.
 Nora siguió su camino muy consternada hasta que inesperadamente apareció un policía que le preguntó si ella había visto algo, ella le dijo que algo, pero que en el tumulto no demasiado, el oficial le tomó los datos y le dijo que podrían llamarla a declarar.
 Le molestó un poco porque si bien se condolía con la pobre mujer desmayada en la calle, tampoco quería sentirse parte del hecho, que la llamen y en una palabra que la molesten en su vida cotidiana. No era mucho lo que ella podría hacer porque no vio demasiado, pensó,
 Continuó con su vida habitual y a los dos meses del accidente le llegó una citación de la comisaría de la zona. Tuvo que ir a declarar lo que vio, pero antes de hacerlo, leyó la carátula del expediente y allí sobrevino la sorpresa, la mujer se llamaba Rita Aguirre de Fuentes y era natural de la provincia de Corrientes, pidió leer más datos y se enteró de que había venido con su hija Juliana a hacerse ambas chequeos médicos, el día que volvía del propio en el que le anunciaban que tenía un mal incurable fue cuando cruzó mal y la atropellaron.
 El oficial le permitió leer el expediente completo y le dijo que su declaración era fundamental para el monto que pudiera cobrar en el seguro y para el posible juicio de daños y perjuicios que la señora quisiera iniciar porque dependería en mucho de cómo se produjeron los hechos y que habían podido recabar tan sólo su testimonio.
 Nora cerró el expediente y le empezó a contar los hechos al oficial. La señora había cruzado por la senda peatonal con el semáforo a su favor y el auto no se detuvo y la embistió.
 Al tiempo se enteraba por los diarios que la señora del accidente de la calle Vieytes había ganado no sólo el juicio penal sino también el de daños, en el cual cobraría una millonaria suma ya que las pruebas habían sido a su favor. Todos los diarios comentaron que con ese dinero podría viajar a Estados Unidos y hacerse el trasplante que necesitaba para mejorar de su mal, leucemia, razón por la cual se estaban activando rápidamente todos los trámites judiciales. Nora cerró el diario y se quedó pensativa.

sábado, 12 de noviembre de 2011

La visita



La llegada de la amiga de su hija le molestaba, no era una mala chica, venía sólo por un rato y se iría pero traería sus dos niñas de 7 y 10 años. Ella con esta visita se sentía invadida, su enfermedad no sólo le impedía salir de su casa, también la hacía sentirse mal el que viniera gente a ella, ver gente extraña en su casa era un martirio difícil de sobrellevar.
 Se dijo a sí misma que superaría el trance y que se quedaría encerrada en su cuarto para no sentirse tan mal. Eso pensó sinceramente, que podría superar su agorafobia y por lo menos encerrada en su cuarto no sentir los terribles estados de angustia que la aquejaban en situaciones como esa.
 Estuvo nerviosa desde el día anterior, tanto que hasta soñó algo relacionado con esa visita, se levantó con la misma preocupación y el resto del día mientras indicaba a su empleada las tareas novedosas a realizar por la llegada de la invitada, su angustia, su nerviosismo, su intranquilidad y su sensación de invasión iban en aumento.
 Tuvo que ocuparse de algunas cosas antes de que llegara la amiga de su hija, las hizo con premura y pensó en todas las posibilidades que le quedaban de no tener que vivir la angustia de recibir a las visitas, pero no encontró otra mejor que la de quedarse encerrada en su cuarto hasta que se fueran.
 Las horas corrían, los minutos pasaban y ya se comenzaban a notar los síntomas de su enfermedad, decidió por lo tanto comer algo liviano y recostarse en su cama, para lo cual se desprendió de los siete gatos que poblaban su casa, un capricho que tuvieron ella y su hija un día de quedarse con toda la cría de su pareja de gatos.
 Cuando las tres de la tarde estaba cerca, ya se trajo su Coca Cola, cerró su venta y apagó la luz. Estaba totalmente sola. Se quedó en absoluto silencio durante mucho tiempo, todo el que correspondió a la presencia de la intrusa. Se terminó quedando dormida, cuando se despertó se sentía somnolienta y pequeña, si, literalmente muy pequeña, miró sus manos y se asustó tenía garras y pelo en ellas, de un color amarillento, se incorporó en la cama y notó que su cuerpo no era el mismo que siempre tuvo, corrió como pudo con su nuevas piernas hacia el espejo, no podía creer lo que veía, el espejo le devolvía la imagen de una linda, gordita y peluda gata rubia, indudablemente no había podido superar su agorafobia y su organismo se defendió como pudo.