sábado, 16 de julio de 2011

Nunca es igual


 El miedo apretaba su pecho, no sabía cómo sería, había visto a su hija, uno de sus seres más amados, pero ahora se daba cuenta que no era lo mismo, no, nada era igual.
 Sospechó que podía ser su imaginación, su conocida fantasía, pero no, la había sentido, la había visto, apoyando su mano en su hombro.
 No quiso pensarlo más y se sentó frente a su computadora, trató de olvidarla, no valía la pena, no había por qué preocuparse.
 Pasó media hora desde que comenzó a escribir su cuento, estaba entusiasmada, le gustaba hacerlo, cada día lo disfrutaba más, pero algo nuevo se repitió una y otra vez hasta llegar a un punto que no pudo controlar.
 Sonó el ruido de la llave en la reja, se estremeció, luego el mismo sonido en la puerta, pensó que podía ser su hija, pero a esta altura ya no estaba segura de nada, la puerta de su cuarto se abrió.
 Su hija gritó cuando la encontró en el suelo lívida y fría como un mármol, mirándola con los ojos sin brillo, ella trató de calmarla y no pudo, la mujer ya se la llevaba de la mano.

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