El amanacer traía los los aromas y los sonidos cotidianos, ambos dormitaban, apenas terminaban de hacer el amor y sus cuerpos plenos y cansados caían con un peso inusual sobre el amplio sommier. Ella se acomodaba un poco sobre su pecho y él le acariciaba dulcemente los cabellos, el clima era perfecto, se amaban y sus vidas transcurrían tal cual lo habían planeado.
No hablaban, cada uno cavilaba sus propios pensamientos, hasta que una melodía comenzó a sonar, su sonido era como paradisíaco al principio, arpas y violines arrullaban el aire suavemente, pero a medida que transcurrían los minutos la canción iba subiendo sus tonos hasta transformarse en una grandiosa interpretación de orquesta sinfónica, todos los instrumentos juntos y en sus tonos más vivos... era hora de levantarse... la música era el despertador que llamaba a la cotidianeidad.
Ella se desprendió de su abrazo y saltó de la cama, se puso su bata y caminó lentamente al baño en medio de un bostezo largo y somnoliento.
Cuando ella salio del baño se levantó él y ella comenzó su rápido andar del día. Se cambió rápidamente y dejó la cafetera eléctrica y la tostadora funcionando para que cada uno se tomara su desayuno cuando estuviera listo. No podían hacerlo juntos. Ahora venía lo peor, despertar a Máximo, cambiarlo, darle el pecho, abrigarlo bien y mientras ella tomaba parada una taza de café, él, que también ya se había puesto su traje bajaba rápidamente a la cochera a poner el auto en marcha. En ésta época del año tenía que contar con ese tiempo extra, cinco minutos y su esposa bajaría con Maxi. Así lo hicieron y partieron raudos a la casa de la mamá de ella, que ya los esperaba en la vereda, quien luego de saludarlos rápidamente y recibir las últimas instrucciones de su hija para con el bebé, se lo llevaba adentro del edificio, el frío parecía que se convertiría en lluvia, era crudo ese invierno.
El matrimonio partió nuevamente con rapidez, ya estaban retrasados, ni bien hicieron unas cuadras entraron en una de las avenidas principales, no pudieron continuar un grupo de gente cortaba la calle, no entendieron el motivo del corte, cruzaron como pudieron, siguieron por la calle en que venían, ya en las veredas empezaba a verse gente que se desplazaba nerviosa de un lado a otro, llegaron a la segunda avenida, nuevamente un corte, esta vez la gente corría gritando y llorando, igual no entendía, él decidió conectar la radio para enterarse de algo más, lo hizo y ya en la primera emisora lo escuchó, se le congeló la sangre, por lo menos es lo que sintió, cambió rápidamente de emisora para cerciorarse de que lo que estaba escuchando era verdad, porque sabían que alguna vez ocurriría pero no tan pronto! ni aquí!
Las noticias hablaban de que en varias ciudades del mundo estaba ocurriendo, distintos tsunamis se abatìan sobre Nueva York, Miami, La Habana, Rìo de Janeiro, San Pablo, Buenos Aires, Mar del Plata todas las ciudades que daban al Atlántico y en todas no había ya nada que hacer. . Todo era desorden, terror y caos. La radio local aconsejaba a gritos retroceder a sus casas y agregaba que sólo existía la posibilidad de salvarse en los pisos superiores de los edificios.
Se tomaron de la mano cuando en el breve espacio que recorrieron con el auto con intenciones de volver a buscar a su niño, se detuvieron nuevamente por el gentío que gritaba y lloraba, ella miró a su derecha por la ventanilla, y la vió ... la titánica ola que se se acercaba a la orilla del mar era de un tamaño increíble, pudo apenas calcular su altura, superaba los cien metros por lo menos. Decidieron abandonar el auto.
A duras penas y corriendo ya fuera del auto lograron llegar de regreso a la casa de la abuela, en el décimo piso del edificio la anciana lloraba mirando el televisor apretada a su nietito, cuando ellos llegaron se abrazaron los cuatro y decidieron rezar.
La humanidad vivía y observaba su propia devastación, era su obra.
Melan
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