lunes, 11 de julio de 2011
Los últimos
Siempre era así, cuando ella miraba por la escotilla sólo veía estrellas y la oscuridad de fondo, a veces alguna ráfaga de luz, un cometa cruzaba muy allá a lo lejos en el espacio, cuando preguntaba siempre le respondían con coordenadas y medidas gigantescas que no comprendía, ella sólo entendía que había pasado muy lejos, a años luz decían ellos y eso sí lo comprendía, no valía la pena preocuparse.
Él, sentado en su sillón de mando dirigía la nave por el infinito, su copiloto dormía en ese tramo, hacía ya bastante tiempo que llevaban viajando, habían puesto proa a Marte, era el más potable de los planetas conocidos para poder pensar y decidirse a dejar la Tierra.
Ya no había más nada que hacer allá, todo estaba destruído y devastado y ellos, eran jóvenes aún y quisieron procrear, hicieron todos los trámites correspondientes y engorrosos y tuvieron que tener ya la documentación del viaje también lista para presentarla y solicitar el permiso a fin de poder realizar la fertilización in vitro. En esos tiempos ya estaba asegurada la formación de una sola mórula. Esperaron lo necesario y ni bien la niña, terminó su gestación en la última cámara, se le otorgaron todos los alimentos y medicinas necesarios para los tres para cinco años y partieron.
En realidad era un viaje de rutina, ella no había hecho otros que a la Luna alguna vez de vacaciones, pero Marte, ya era distinto, ya estaba muy habitado y tenía vida propia, era más lo que la Tierra dependía de Marte que viceversa, por lo tanto, cuando decidieron emprender juntos el viaje lo pensaron pero no demasiado, ya no había futuro en la Tierra y la niña cumpliría cinco años al llegar al planeta rojo, tenía más de ciento cincuenta años por delante y había que prepararse y asentarse en un lugar seguro para criarla hasta que se independizara.
Volvió a mirar por la escotilla, siempre las estrellas, aunque algo sí notaba, que no eran siempre las mismas. Su marido decidió dejar el piloto automático y tomarse un te caliente, la llamó y lo tomaron juntos, miraron la cuna de metal forrada en tela sintética y con frazada térmica en la que su hija dormía plácidamente, pensaron en el nombre que le pondrían cuando llegaran a Marte, lo tenían pensado hacía mucho, ambos sabían que la inscripción de nacimiento llevaría el sello marciano, su hija sería uno de los tantos primeros habitantes marcianos, por eso eligió un nombre especial, un nombre que le recordara sus orígenes, el viejo hogar, su hija se llamaria Gaia.
Melan.
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